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Fe y Alegría, una obra Ignaciana

Por Carlos Vargas, Director de Fe y Alegría Ecuador.

 

San Ignacio responde al llamado del Reino de Dios de una manera práctica… Aprendiendo a mirar su realidad desde una relación personal con Jesús que indudablemente lo lleva a levantarse por los demás, a jugarse la vida por su prójimo, especialmente por los más vulnerables de su tiempo…. “Siguiendo el ejemplo de Ignacio, los primeros compañeros sirvieron a los pobres en hospitales. Se hospedaban en ellos y aprendían a convivir con aquellas personas que se encontraban en los márgenes de la sociedad en su tiempo… De ahí que pueda afirmarse con propiedad que el servicio a los pobres forma parte de la misión de la Compañía desde sus inicios”. 

Este fundamento en el decorrer de la historia de la de la Compañía de Jesús se ve representado en principios como: el amor, que se debe poner más en obras que en palabras; el servicio a la fe y a la promoción de la justicia, el ser para los demás “ser más para servir mejor. Actualmente se insiste en las nuevas fronteras de la exclusión, desde la mirada de la crisis socio-ambiental que nos exige una reconciliación integral: con uno mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios. Se trata de una reconciliación donde está implícita la justicia. Hoy podemos decir de manera global que las Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús, nos marcan el horizonte de transformación para estos nuevos tiempos.

Sin duda Fe y Alegría se gestó desde estas experiencias Ignacianas, y cada vez se renueva desde la pregunta que San Ignacio nos plantea, una vez que se ha encarnado en la realidad del mundo: ¿qué he hecho?, ¿qué hago? y ¿qué debo hacer por Cristo? Es la pregunta que está detrás de todo trabajo de Fe y Alegría y que con toda seguridad inspiró al P. Vélaz al mirar la realidad de niños y niñas sin escuelas… Donde el Reino de Dios solo es posible si la fe y la esperanza que llevamos son abrazadas por la justicia y el amor que se ha de poner en las obras.

Fe y Alegría, no puede borrar esta matriz Ignaciana y así lo reconocen muchas Congregaciones Religiosas que trabajan en ella, pero al mismo tiempo esa ignacianidad impregnada desde la persona de Jesucristo, nos hace abiertos y universales porque lo más importante es el lugar desde donde hacemos la educación trasformadora y no desde donde venimos. Es el lugar desde donde trabajamos y con quienes compartimos, los pobres, lo que nos va a dar una verdadera identidad cristina y esta a su vez les dará mayor veracidad a los diferentes carismas congregados a esta misión de Fe y Alegría que quiere seguir respondiendo al llamado del Reino.