carta del director

31 de Julio, festividad de de San Ignacio de Loyola

Compartimos una carta de Fernando Anderlic, Director Nacional, a toda la comunidad educativa. 


Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
31 de julio de 2026

A toda la Comunidad de Fe y Alegría Argentina
Presente

De mi consideración,

Cada 31 de julio, Fe y Alegría se detiene y se toma un tiempo para mirar su identidad, que echa raíces, en Argentina, en la educación popular y en la espiritualidad ignaciana. Sabemos que, antes de su conversión y ser fundador de la Compañía de Jesús, Ignacio de Loyola fue un hombre herido: en Pamplona, una bala de cañón le quebró la pierna y fue, en esa convalecencia forzada, inmóvil y desconcertado, donde empezó a gestarse el verdadero camino de su vida (y que inspira a la nuestra). No hubo un plan previo, sino que hubo una herida que, con el tiempo y mucho discernimiento, se convirtió en vocación.

Me gusta pensar que algo parecido nos pasó como movimiento: nacimos del encuentro de una familia humilde, un jesuita y un grupo chicos y chicas sin escuela. «Somos» a partir de una necesidad del pueblo. Y seguimos naciendo cada día en cada centro, de la mano de tantas historias que la vida quebró de algún modo y que, sin embargo, encuentran en nuestras aulas un lugar donde levantarse,

reconstruirse, soñar y seguir caminando en comunidad.

“Seguimos naciendo cada día en cada centro, de la mano de tantas historias que la vida quebró de algún modo y que, sin embargo, encuentra en nuestras aulas un lugar donde levantarse” Fernando Anderlic

Quisiera compartir con ustedes tres convicciones que, en este contexto y en esta fecha de celebración de la Fiesta de San Ignacio, me interpelan especialmente:

1. La alegría 

La Alegría de nuestra identidad es una decisión espiritual: San Ignacio hablaba de la consolación como esa alegría honda que viene de Dios y que no depende de que las cosas salgan bien. Nuestro propio nombre lo dice: somos Fe y Alegría. “Somos Fe” porque nos sabemos amados, guiados y sostenidos por Dios. Tenemos fe en que las personas y las realidades de nuestras sociedades pueden transformarse. Y elegimos “la Alegría” que provoca dicha transformación, incluso cuando el contexto no ayuda. Es, en definitiva, un modo de resistir y de anunciar que otro mundo es posible.

2. El discernimiento comunitario

El discernimiento comunitario nos cuida del cansancio: vivimos tiempos de incertidumbre económico-social y de debates de fondo sobre el lugar de la educación en nuestro país. Frente a eso, la tentación es resolver en soledad, deprisa, individualmente o resignarnos. La tradición ignaciana nos propone otra cosa: decidir en comunidad, despacio, escuchando los signos de los tiempos y, en nuestro caso, a quienes menos escuchados son.

3. La ternura 

La ternura continúa siendo, para San Ignacio y para nosotros, una manera de educar: es un modo concreto de acompañar los procesos de las personas con paciencia, cuidando antes de exigir, creyendo que cada uno y cada una puede más de lo que hoy es o demuestra. Así lo vivimos, o al menos así lo intentamos, en cada decisión institucional que tomamos.

Pido al Señor que San Ignacio, peregrino incansable, nos inspire y ayude a ser una obra que “se deja quebrar y rehacer” por la vida de los más postergados. Que esta fiesta nos encuentre con “la mente abierta, el corazón encendido y las manos dispuestas” a construir, junto a nuestras comunidades, un país más justo y fraterno ¡Feliz fiesta de San Ignacio de Loyola!

«La ternura continúa siendo, para San Ignacio y para nosotros, una manera de educar: es un modo concreto de acompañar los procesos de las personas con paciencia, cuidando antes de exigir» Fernando Anderlic 

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