ENTREVISTAS

Donde la infancia encuentra un abrazo: el trabajo del CPI María de Luján

Las primeras experiencias dejan huellas para toda la vida. En el Mes de las Infancias, Yanina Fernández comparte cómo el Centro de Primera Infancia María de Luján acompaña a niñas, niños y familias desde el amor, la escucha y una educación de calidad.

3 de agosto 2026 | 5 min de lectura

Desde 2022, nuestro Centro en Quilmes Oeste, acompaña a niñas, niños y familias del barrio ofreciendo un espacio de cuidado, educación y contención durante una etapa decisiva para el desarrollo.

En esta entrevista, Yanina Fernández, coordinadora del CPI María de Luján, comparte cómo el amor, la escucha y el vínculo con la comunidad se convierten cada día en oportunidades para que las infancias crezcan, aprendan y se sientan verdaderamente acompañadas.

 

 

“Nuestro objetivo es que esas infancias «rotas» puedan ser felices. Vemos chicos que llegan de una manera —a veces sin hablar, o con dificultades— y que acá encuentran su lugar: un espacio donde hablar, dialogar, abrazarse, reírse, encontrarse con otros.” Yanina Fernández

¿Cómo describirías este centro de primera infancia en Quilmes?

Bueno, me presento: soy Yanina, coordinadora del Centro de Primera Infancia María de Luján, que queda en Quilmes Oeste.

Para quienes no lo conocen y quieran acercarse, les puedo contar que es un espacio gestado desde el amor, la paciencia y el cuidado. Trabajamos muy fuerte la vinculación entre las familias, el barrio y el contexto.

Es un barrio hermoso, con su cultura, y trabajamos con las seños y con las familias intentando construir ese vínculo. Creo que eso es lo más importante: cuando conozcan el centro, lo que más van a ver es la vinculación entre las educadoras, el CPI y los nenes. Es como un rompecabezas: CPI, educadoras y niños, las infancias.

¿Y qué creés que significa este espacio para ellos, para las familias? ¿Y para vos?

Para las familias es muchísimo. No hay muchos jardines del Estado y necesitan un espacio de cuidado para los nenes. Cuando surge este espacio con Fe y Alegría, poder acompañar y brindar ese lugar fue algo hermoso para el barrio.

Es un lugar donde los chicos no están en la calle, donde pueden ser contenidos, escuchados. Yo creo que es de gran ayuda para toda la comunidad: tener un espacio con educadoras que acompañan, que abrazan, que escuchan a las familias.

Y en lo personal, para mí es un montón. Es un lugar que amo, es como mi segunda casa. Doy todo lo que tengo. Generar un espacio de escucha con las familias y brindar el corazón, como hacemos en Fe y Alegría, es lo más importante.

No es solo educación: es que puedan sentirse parte, que pertenezcan a un espacio. Eso es lo que buscamos construir con las educadoras: un lugar de cuidado para las infancias.

Si hay algo que se prioriza acá es el amor hacia cada niño y cada familia.

Hablabas de “infancias rotas”. ¿A qué te referís?

Hablamos de infancias atravesadas por contextos difíciles. Muchas familias viven situaciones de vulnerabilidad, con trabajos precarios o jornadas largas. A veces los chicos quedan al cuidado de otros menores.

Entonces aparecen situaciones de falta de cuidado, y ahí es donde trabajamos desde el abrazo, la escucha y la palabra. Se genera una vinculación de confianza con la familia.

Nuestro objetivo es que esas infancias puedan ser felices. Vemos chicos que llegan de una manera —a veces sin hablar, o con dificultades— y que acá encuentran su lugar: un espacio donde hablar, dialogar, abrazarse, reírse, encontrarse con otros.

Y no hablo solo de los niños, sino también de las familias, que muchas veces también están atravesadas por situaciones complejas. Este espacio es también para que puedan expresar lo que les pasa.

“Muchas familias viven situaciones de vulnerabilidad, con trabajos precarios o jornadas largas. A veces los chicos quedan al cuidado de otros menores.” Yanina Fernández

¿Qué cosas pasan acá todos los días que muestran el valor de la primera infancia?

Las risas. Las risas no faltan nunca.

Al principio la adaptación puede ser difícil, sobre todo en sala de dos. Los nenes lloran al entrar porque no nos conocen. Pero pasa algo muy especial: cruzan la puerta y algo cambia. Entran llorando, pero después no se quieren ir. Termina la jornada y quieren quedarse.

También es muy importante el rol de las seños. Yo siempre digo que hay que “bajarse” a la altura del niño, a su mirada, a su necesidad. Ahí aparece el amor, el cuidado, la escucha, el observar qué necesita cada uno.

Y algo muy fuerte es el vínculo con las familias. Hay un ida y vuelta muy lindo: el abrazo, el compartir. Generamos espacios de escucha —un mate, un té— donde puedan hablar, sentirse comprendidos, sin ser juzgados. Eso hace una gran diferencia.

Después de trabajar tanto tiempo acá, ¿ves cambios en la comunidad?

Sí, muchísimos. Se cubren las vacantes muy rápido, mucho por el boca a boca. Es un espacio muy valorado en el barrio.

Brinda a las familias la posibilidad de trabajar sabiendo que sus hijos están en un lugar seguro, donde confían plenamente. No están dejando “algo”, están dejando lo más importante que tienen.

El centro se volvió un lugar de referencia en el barrio. Somos reconocidos, y eso se fue construyendo con el tiempo.

No hay muchos espacios gratuitos con esta calidad de educación y de cuidado. Acá todos son importantes, nadie es más que nadie. Salimos al territorio, conocemos a las familias, entendemos sus contextos. 

Eso hace que las familias vayan entendiendo qué es Fe y Alegría en el barrio y la importancia de este espacio.

¿Qué te da fuerza para seguir trabajando acá, en un contexto tan desafiante?

Primero, ser parte del barrio. Yo soy de acá, me crié acá. Conozco lo lindo y también lo difícil.

La vinculación es clave. Y acá se dio. Cuando caminamos por el barrio y los chicos nos gritan “seño, seño”, eso te llena de fuerza.

También la espiritualidad: rezamos mucho, a Dios y a María, como dice el nombre del centro. Eso nos sostiene.

Me da fuerza ver a los nenes llegar con alegría, ver a las familias comprometidas, siempre dispuestas. Nunca hay un “no”.

Sentimos esto como una familia. No es solo un trabajo: es algo que hacemos con amor y pasión, acompañando y brindando oportunidades, especialmente a quienes más lo necesitan.

¿Qué sentís que aporta este espacio al barrio?

Es un espacio educativo y creativo, pero sobre todo es un espacio de abrazo. Un lugar que contiene a las familias, acompaña a las educadoras y también nos transforma a nosotros.

Vemos a los chicos crecer, avanzar, ser abanderados, continuar su trayectoria educativa. Pero lo más importante no es solo lo académico, sino que se sientan valiosos, que sepan que son importantes.

Fe y Alegría aporta esa mirada: el cuidado integral, el hacer sentir a cada persona vista y valorada.

Para el barrio es algo nuevo, y eso genera un impacto muy fuerte. Se cuida el espacio, se vive desde otro lugar.

¿Y hacia adelante?

Sueño con que el centro crezca, que podamos tener más salas, más vacantes. Hay muchos chicos en lista de espera.

Pero también es importante sostener lo que ya tenemos: el cuidado, el amor, la calidad.

Queremos seguir garantizando derechos, fortalecer la pertenencia, que este sea un lugar que los acompañe siempre.

Muchas veces los chicos que ya egresaron vuelven a visitarnos, pasan a saludar, aunque ya no estén matriculados. Y eso es muy significativo: uno vuelve a donde fue feliz.

Eso es lo que queremos: que este espacio quede para siempre en ellos.

Nuestros Centros de Primera Infancia forman parte del Programa Federativo «Los primeros 1000 días», una iniciativa de Fe y Alegría presente en Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia que promueve el desarrollo integral de niñas y niños de 0 a 3 años en contextos de pobreza y exclusión. A través de la formación de educadoras, el trabajo conjunto con las familias y la mejora de los espacios educativos, el programa busca garantizar entornos seguros, afectivos y estimulantes para las primeras infancias. En 2025 nuestros CPIS -en Quilmes y en San Miguel- recibieron a 128 niñas y niños, fortaleciendo el acceso a una educación de calidad desde los primeros años de vida.

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