PODCAST · VOCES QUE INSPIRAN

Federico Pavlovsky en “Voces que Inspiran” | Alcohol, adicciones, apuestas y adolescencias: el desafío de volver al encuentro

Federico Pavlovsky y Paula TorresAlcohol, apuestas, pornografía y redes sociales. Para Federico Pavlovsky, médico psiquiatra y fundador de Dispositivo Pavlovsky, las adicciones siguen siendo un tema invisibilizado y atravesado por la vergüenza, mientras una nueva generación crece expuesta a productos pensados para capturar su atención. En esta entrevista con Paula Torres, reflexiona sobre el rol de las familias, la importancia de los encuentros presenciales y la vida espiritual como horizonte.

13 de octubre · 10 min de lectura

Federico, ¿por qué elegiste el nombre «Dispositivo» para tu espacio?

Cuando las cosas salen mal, hay muchos engranajes puestos en juego, y a veces durante bastante tiempo. Y cuando las cosas salen bien, también hay un montón de engranajes. Si bien es una idea que viene de la mecánica, de algo electrónico, tiene que ver con que, cuando analizamos los casos, las situaciones, las vidas que de alguna manera se fortalecen, se recuperan, personas que estaban enfermas y vuelven a sentirse bien o mejor que antes, hay un dispositivo de muchas aristas y muchos engranajes para que eso ocurra. Entonces, se me ocurrió ponerle «dispositivo». Antes se llamaba Dispositivo Córdoba, porque estaba en la avenida Córdoba.

Las adicciones nos interpelan, pero siguen siendo muy invisibles. ¿Por qué cuesta tanto verlas?

Siempre estuvieron. Hay una cuestión antropológica, histórica y social: cuando te dedicás a estudiar el consumo de drogas, sabés que la humanidad tuvo contacto con ellas a lo largo de milenios. Pero, al menos en la sociedad occidental que conocemos, es el segundo motivo de consulta en salud mental. La gente consulta, básicamente, por tres temas: depresión, ansiedad y consumo de drogas.

Cuando decimos drogas, yo siempre hago una aclaración que a la gente le sorprende mucho, que es el tema del alcohol. Porque la gente dice «no, no, está el tema del alcohol, y aparte las drogas», y la verdad es que la droga número uno es el alcohol. Es social, aceptada, promocionada, naturalizada, y hasta a veces promovida con técnicas de marketing muy sutiles, casi como un elemento nutricional de la dieta mediterránea, necesario para nuestra salud.

«La droga número uno es el alcohol. Es social, aceptada, promocionada, naturalizada.» – Federico Pavlovsky

Es interesante porque la mayoría de los problemas de adicciones en el país es el alcoholismo. Es decir, no son aquellas drogas que aparecen en hechos policiales cada tanto, en los diarios como «se incautó una nueva droga». Todo eso existe, es real, hay consumo de muchas drogas. Pero los motivos de consulta de la población siguen siendo, por lejos, el alcohol como primera droga, la cocaína y también el cannabis, algo que a mucha gente la sorprende porque tiene una arista curativa, una arista industrial y una arista como droga de abuso, ya que hay personas que desarrollan una adicción también.

Pero sí, es un tema que en la medicina, la psicología y la sociedad está un poco relegado. Son como «los adictos», un colectivo curioso, extraño, que da un poco de vergüenza. Si la salud mental tiene un estigma importante, si no es fácil decir «estoy deprimido» o «tengo un familiar con una psicosis», esto es mucho peor: da mucha vergüenza y se esconde mucho. Es una de las razones por las cuales mucha gente pide ayuda muy tardíamente.

El camino hasta pedir ayuda suele ser muy largo, tanto para la persona como para su entorno. ¿Qué ocurre en ese proceso?

Cuando llega una persona a la consulta, habitualmente, si es una persona adulta, ponele entre 40 y 50 años, tenés 7, 10, 12 años de consumo, con mayor o menor intensidad. Una larga historia de consumo. Por esto de los engranajes, ocurre mucho tiempo y ocurren muchos fenómenos: de negación personal, de relativización. La familia se preocupa, acompaña, se alarma, después relativiza. No hay un manual, no es lineal.

Muchos padres y madres hacen lo mejor que pueden y, sin embargo, solo contribuyen a aumentar el problema con financiamiento, con deudas, relativizando, sacando a los chicos de todos los problemas. A veces analizás retrospectivamente y te das cuenta de que, de pronto, había que poner un límite.

Toda persona con una adicción vive en un cosmos, en un micromundo, y una de las cosas interesantes que aprendimos es que verdaderamente tenés que tratar a la persona con adicción a partir de las personas más cercanas. No porque sean la causa de la adicción, sino porque, en nuestra cultura latina, forman parte de la ecuación, forman parte del día a día, y muchas veces definen el pronóstico del tratamiento.

«Verdaderamente tenés que tratar a la persona con adicción a partir de las personas más cercanas.» – Federico Pavlovsky

Cuando llega un paciente, llega también todo su entorno. ¿Las adicciones no las vive solo quien las padece?

No. Todo su entorno. Y a las adicciones a drogas estamos empezando a ver todo lo que tiene que ver con las apuestas. También las personas que confunden las inversiones. En el mundo de lo económico, de los recursos, de la compra y venta de acciones, el mundo del trading -en donde hay personas que se dedican profesionalmente a eso- hay personas que creen tener conocimiento y juegan a la ruleta rusa con sus propios ahorros o con dinero de personas cercanas. Estamos viendo mucho eso, que además es muy difícil de tipificar necesariamente como un trastorno mental.

Tenés trastornos mentales, tenés conductas adictivas (que son trastornos mentales, mucha gente

 también se sorprende de que así lo sea). Claro, una adicción es un trastorno mental. Y después tenés conductas sociales, como la relación con las redes sociales, con algunas aplicaciones, con el dinero, que no son fácilmente identificables como «usted tiene o no tiene un trastorno mental», pero que son muchas conductas que atentan contra la calidad de vida de mucha gente. Particularmente, de la gente joven.

Pero respondiendo a lo que me decías: llega una persona y, en nuestra cultura, llega con tres, cuatro, cinco, seis personas. El 70% de las personas con adicciones vive en una familia, en una casa. La inmensa mayoría de las personas con adicciones quiere trabajar y vive con alguien. Entonces, cuando incluís a la persona en un tratamiento, mucha gente se confunde y cree que, para empezarlo, la persona tiene que decir «listo, yo soy adicto». Lo único que necesitás es que acepte explorar la posibilidad de hacer un tratamiento. Es más, muchos tratamientos comienzan y la persona no deja de consumir inmediatamente. Me refiero a tratamientos ambulatorios. Y de pronto van encontrando ese camino. Hay muchos dispositivos de atención, algunos ambulatorios, otros de internación, valiosos y necesarios también, porque una internación en un contexto determinado le puede salvar la vida a alguien. No hay un antagonismo entre internación y ambulatorio.

Pero alguna vez leí todo el tema de las pestes, de los parias, de la lepra, los leprosarios, y te digo que el adicto ha despertado, en términos sociales, un gran rechazo. En los últimos 70 años, el código penal se ha ocupado más del adicto que la salud pública. Entonces necesitás abrir escenarios, abrir lugares. En muchos lugares, el único efector de tratamiento tiene que ver con las Iglesias.

Dentro del mundo de las adicciones, la ludopatía tiene todavía menos visibilidad y aceptación. ¿Qué está pasando con esta generación, a la que definís como «una adolescencia sufriente»?

La adolescencia, históricamente, casi en términos de novela, implica sufrimiento, porque implica preguntas sobre la identidad, porque uno ve envejecer, ve caer a los padres en términos simbólicos, que pasan de ser unos ídolos a unos salames. Hay oposicionismo, hay incertidumbre por lo que viene, te empiezan a pasar muchas cosas en términos emocionales, entre el despertar de la sexualidad y las preguntas existenciales.

A esa adolescencia se le ha volcado en los últimos años una maniobra súper obscena, muy agresiva, muy pornográfica, en el sentido de invadir las infancias, mercantilizarlas y convertirlas en un target del mercado sin ninguna ley. Y cuando digo pornográfico, lo digo porque tratamos un problema muy grande con la pornografía en chicos de 10, 11 años, que ven cualquier tipo de pornografía porque tienen curiosidad y herramientas: con un click pueden ver cualquier contenido. Cosa que no pasó en la historia de la humanidad, porque siempre existió una enorme curiosidad infantil. Mirar, espiar, intentar escuchar, robar una revista. Pero ahora, con un click, tenés millones de videos de distinto tipo, y los chicos están formando «sexualmente» qué es la sexualidad a través de un producto que se llama pornografía. Es una locura lo que está ocurriendo. Y después está el tema de las apuestas.

Pero el común denominador, porque el día de mañana puede aparecer otro producto más, es que, sobre un período en donde predominaba la curiosidad, el juego, la educación, la familia, ahora tenés productos comerciales. Las chicas venden contenido erótico en OnlyFans para ganarse unos pesos. Los chicos ven porno. Los chicos apuestan. Los chicos ven videos en YouTube para ver cómo ser millonarios rápido y a corto plazo. Entonces, creo que lo que más está ocurriendo es una suerte de gran problema generacional respecto de la comercialización y la invasión de las infancias. Porque en el mundo adulto, en definitiva, tenés una capacidad distinta, ¿sí?

Y ahora estás generando un mundo rápido, que está influyendo en el sueño, con un montón de repercusiones en la cognición de los chicos. Está influyendo también en lo que se llama la gratificación: si te acostumbrás a recibir gratificaciones inmediatas… El otro día vi una novela en vertical con capítulos de un minuto. Los chicos empiezan a tener una relación con la lectura más tediosa, más difícil.

Una vez, una profesora de medicina nos dijo que hay libros y hay papers. En medicina, los papers son muy importantes porque son como series de actualizaciones de temas. Y ella dijo que hay que tener mucho cuidado con la diferencia entre la información, que te da un paper con un hallazgo, y la formación. La formación es una tarea artesanal que requiere tiempo, profundidad, pausa, discernimiento. De un médico esperás que tenga la actualización, pero también la formación.

Y este es un momento de infodemia: muchísima información muy superficial. No sabemos qué es verdad y qué no. Es interesante, porque parece que ya no importa: si es creíble y si es contagiable, está ok. Las mentiras se contagian seis veces más rápido que las verdades. Cuando alguien se equivocó, hacés una posdata y sale en un lugar chiquitito. Y lo extremo y lo morboso es mucho más replicable, y tiene más «me gusta» y más compartidos que otras formas de comunicación. Y no hay fricción. Muchos chicos preadolescentes y adolescentes encuentran en la IA y en los chats conversacionales un consejero: cómo combinar la ropa, a qué lugar ir, qué decirle a ese chico o esa chica que me gusta, simulamos un diálogo. Es un mundo sin fricción, en donde se están redefiniendo incluso las pautas de aprendizaje y de comunicación.

Son muchas las preguntas que surgen. ¿Qué se puede hacer desde el ámbito educativo y familiar? ¿Cuáles son las alertas para decir «acá hay que actuar, aquí y ahora»?

Casi que es al revés. En psiquiatría, y en psiquiatría de adicciones, la gente que consulta ya está muy golpeada. Entonces, una de las cosas que en este momento notamos que es extraordinariamente importante son los encuentros presenciales, los espacios que la sociología llama terceros lugares: el club, la iglesia, el gimnasio, el centro cultural, la comunidad, la militancia política. Muchos lugares donde te encontrás, que puedan ser un mundo no solamente virtual. Porque lo virtual ya está, eso quedó.

Y, como dicen los emprendedores de tecnología, somos conscientes de que lanzar productos al mercado sin testearlos antes puede generar algún deterioro. Bueno, con las generaciones eso se va a ir corrigiendo. Estoy citando, literal, a los más grandes emprendedores de tecnología. Porque muchas de las aplicaciones que usamos jamás fueron testeadas. No es como la industria farmacéutica o la industria de los automóviles, que se testean. Acá no se testea nada. Se lanzan los productos, muchos de los cuales hablan de salud física, salud mental, imagen corporal, y son todos productos de salud que no se chequean: se chequean con la realidad. Todos los chicos andan con la aplicación de pasitos, caminando por la ciudad, intercambiando cafés. Hay miles de aplicaciones de salud mental, muchas de las cuales ni siquiera están desarrolladas por profesionales de la salud mental.

Federcio Pavlovsky en Voces que Inspiran

Yo creo que hay que hacer un poco al revés. Hay algo que se llama lazos débiles, que son estos lazos que no son tan íntimos ni tan profundos, pero son muy importantes. Porque hay gente con la que no pensás tan parecido y te dice algo y te quedás pensando, y te aporta novedad, fricción, y colabora en tu formación. Y los terceros lugares, que son todos estos lugares donde la gente transita: las plazas, el espacio público, la calle. Claro, si la gente tiene miedo de salir a la calle, es muy difícil, porque te recluís en la intimidad de lo virtual.

Hay una investigadora a la que se conoce en la jerga como el topo de Facebook, porque es la persona que filtró todos los documentos de Facebook sobre muchas prácticas muy abusivas y muy contrarias a las buenas prácticas. De hecho, ahora va a salir una película sobre ella. Se llama Frances Haugen. Frances Haugen dice que las redes tienen un alto nivel de manipulación emocional, y que donde hay mayor manipulación emocional es en las personas que no tienen vida social presencial y cuya vida social pasa alrededor de las redes. Ese es el combo que tenemos que evitar.

Por eso, la verdad es que ese viejo esquema de hace 50 años, de salir del colegio, tener tiempo libre, ir al club, pasar tiempo en tu casa, merendar, hoy sería un antídoto. Y en realidad tenés ahora chicos que están 200 horas por día ocupados, con un montón de tareas, yendo a un millón de actividades. Pero me parece que terceros lugares, lazos débiles, espacios para compartir con otros, suma. Porque los pacientes que llegan a los consultorios de salud mental por estas temáticas llegan ya muy golpeados. Atiendo pacientes que llegan con deudas económicas: llega la familia y el paciente que debe 50 mil dólares. ¡Un departamento deben!

Estás poniendo estos temas a la luz y formando a otras personas. ¿Qué hace falta hoy? ¿Más profesionales formados, una sociedad en alerta?

Como psiquiatra que atiende, lo que me preocupa muchas veces es que creo que es un momento muy importante para diferenciar el sufrimiento social del sufrimiento psíquico individual. Por ejemplo, el tema de las deudas. En este momento hay un sector muy alto de la población que está endeudado, y ese sector está empezando a enfermarse. Pero ¿es un problema psiquiátrico o es un problema social? Entonces, es un momento para pensar muchas cosas, y creo que es un momento para fortalecer, más que nunca, los vínculos.

Hay un problema en las redes sociales, enorme, súper documentado, que es que dejás de sentir empatía. Te desensibilizás. La ira, el enojo, contestar y pelearte es lo que funciona en las redes. Y la gente empieza a desensibilizarse. Entonces, en algún sentido, es muy importante volver a desarrollar habilidades socioemocionales.

Creo que con las apuestas un poco pasó eso. Hay un sector de la política que guardó silencio. Hay una ley en el Senado que se interrumpió: la ley que prohibía la publicidad y establecía un montón de límites a la industria del juego quedó en un cajón. En noviembre pierde estado parlamentario. Yo un poco lo entiendo: el juego es un gran financiador de la política. Entonces, si restringís la publicidad, te quedás sin caja política. Entiendo por qué hacen eso. En fin, yo soy médico, no soy recaudador de la política.

«Creo que es un momento para fortalecer, más que nunca, los vínculos.» – Federico Pavlovsky

¿Qué reflexión final querés compartir con quienes nos escuchan?

Creo que es un momento en donde la vida espiritual, si bien siempre fue importante, incluso para los más pragmáticos está cobrando un rol muy importante. La encíclica papal sobre inteligencia artificial me parece más clara que la mayoría de los documentos de profesionales de salud mental sobre la materia. Es un momento para que distintos actores y distintas personas. Creo que estamos despertando de un primer impacto que algunos llaman «tecno optimismo»: como que todo era bárbaro, una aldea global, qué bueno los dispositivos, los celulares, la inteligencia artificial, todos fascinados. Me incluyo.

Y estamos en una segunda etapa de hacernos algunas preguntas Con colegas profesionales una tentación, me incluyo, es la de dejar de leer libros frente a los resúmenes de la IA. Está ocurriendo con gente formada. ¿Leo este libro o pido un resumen de cinco páginas del mismo libro? ¿Cuál es la diferencia? Esa es la pregunta de este momento. Y la diferencia, para mí, es la diferencia entre la vida y la muerte. Pero no es tan simple de responder. Tenía una conversación con un colega que me decía: «¿Por qué voy a leer este libro de 250 páginas? ¿Cuántos libros podemos leer por mes? ¿Y quién va a notar la diferencia?«. Esa pregunta, en realidad, es más profunda que la del libro.

Y creo mucho, en este momento, en la organización, en la gente joven, en cierta rebeldía de crear. Hay una cosa que es el pensamiento algorítmico, el pensamiento probabilístico, el pensamiento matemático, que proyecta el futuro en relación con los datos pasados recopilados. Pero hay otra cosa, que es el indeterminismo. Nadie sabe lo que voy a hacer. En términos de ciencias del comportamiento, es cierto que lo más probable es que yo ahora termine la entrevista, me ponga el saco y me vaya. Pero eso no ocurre así.

Los que nos dedicamos a la psiquiatría de pacientes graves hemos visto suicidios, y voy a poner un ejemplo dramático: el suicidio no se veía venir. ¿Qué quiero decir con esto? Que el comportamiento humano no es probabilístico, es un comportamiento que muchas veces es absolutamente inesperado y sorprendente, para bien y para mal. Entonces, sí creo que nos tenemos que hacer un millón de preguntas y no comprar este combo de que todo es probabilístico y matemático, y de que entonces tu conducta ya está determinada por los antecedentes. Porque mucha gente no va a acceder a créditos, mucha gente se va a quedar fuera de la seguridad social, mucha gente va a ir presa por las dudas, entre otras cosas.

Para quien hoy se siente encerrado en una adicción o en el juego, solemos decir que «la salida es para adentro». ¿Cuál es la salida?

Siempre existe la posibilidad de la salud. Y además te diría que los pacientes son más claros que los libros: los libros son más pesimistas y los pacientes son clarísimos. Y no hay un tratamiento «gold standard» para todo el mundo. Quiero decir, cada caso es particular.

 

¿Te quedaste escuchar el episodio de Voces que Inspiran?

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