Una de las primeras escuelas de Fe y Alegría en Bolivia nació gracias a un acto de profunda solidaridad. Octavio Amarro, vecino de la zona de La Portada en la ciudad de La Paz, cedió gran parte de su vivienda para que niñas y niños pudieran acceder a la educación. Para hacerlo posible, reorganizó a su propia familia en un espacio reducido y destinó cinco ambientes de su casa para que funcionaran como aulas.
Este gesto permitió el inicio de actividades de la Unidad Educativa Copacabana, una de las primeras obras de Fe y Alegría en el país. Inspirado por el espíritu de servicio que dio origen al movimiento en Venezuela, donde Abraham Reyes también abrió las puertas de su hogar para la educación de los más necesitados, Octavio Amarro se convirtió en un ejemplo de compromiso con el derecho a aprender.
Gracias a personas como él, Fe y Alegría comenzó a construir una historia de esperanza, solidaridad y transformación educativa que continúa impactando miles de vidas hasta hoy.