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Educadoras REI coinciden en que la presencialidad es irremplazable en la educación inicial

Mayor autonomía, socialización y evidenciación de aprendizajes. Estos son solo algunos de los aspectos que se ven beneficiados en niños y niñas con la educación presencial, a juicio de nuestras educadoras Krasna Krstulovic, del Colegio San Luis de Antofagasta, y Francisca del Canto, del Colegio San Alberto de Estación Central – ambas del nivel Pre-kínder.

 

A continuación, las docentes se refieren a cómo ha sido esta nueva vuelta a clases y sobre lo irremplazable que se torna la presencialidad especialmente en la primera infancia.

 

– Como educadoras ¿qué fue lo primero que pensaron cuando partió la cuarentena?
Krasna:
 Sentí miedo e incertidumbre. Miedo en el aspecto personal – por pensar que alguien de tu familia pudiera contagiarse – y en lo profesional porque no se sabía si los niños iban a aprender o no. Se desconocía, además, cómo iban a ser las adaptaciones, qué estrategias íbamos a utilizar, cómo los padres iban a enfrentar el proceso, además de ver que se perdería la sociabilización entre pares.

 

Francisca: En la palabra retroceso. Al estar en un colegio vulnerable no se tiene el mismo acceso a internet ni a la tecnología que en otros. La mayoría de nuestros alumnos son haitianos y muchos de sus padres trabajan en la feria o vega y tienen uno o dos celulares que se llevan cuando salen a trabajar; son muy pocos los que se logran conectar, entonces me preocupaba el retroceso de los aprendizajes de mis estudiantes.

 

En este punto, Francisca agrega que a todos esos inconveniente se sumaba la barrera idiomática. «Sabía perfectamente que se iba a detener lo avanzado en marzo del 2020, porque el refuerzo de la casa no es el mismo que en el colegio. Si bien hay papás muy preocupados, no en todos los hogares se dan condiciones tan favorables para el aprendizaje», dice. Es aquí donde surge la reflexión sobre la importancia de la presencialidad, ya que ambas educadoras coinciden en que muchas veces los padres no cuentan con el tiempo ni las metodologías para la educación en casa. Pero ese es un solo factor que se suma a la ausencia de socialización entre pares y al hecho de no poder evidenciar aprendizajes.

 

Krasna es enfática en ello. «No es lo mismo que los niños estén en la sala porque uno, como educadora, tiene metodologías y herramientas que los padres no tienen, sin desmerecer el gran rol que han jugado este tiempo. Sin duda, al estar con pares, directores y tías, el aprendizaje es más significativo. Los niños y niñas en casa estaban en su zona de confort, en cambio, en el jardín constantemente se está potenciando la autonomía e independencia. Además en el jardín comparten con niños de su misma edad; eso los lleva a un mejor autocontrol, a fortalecer relaciones, a aprender de un otro y también a cuidarse entre todos», asegura.

 

Francisca coincide con su colega señalando que cuando los niños están online, los profesores solo ven lo que ocurre en el momento de la clase. «No los ves en el recreo o haciendo la actividad. Por ejemplo, si un niño escribe con maicena podrás ver si le cuesta o no, su motricidad, etc., lo que no ocurre a través de la pantalla. La socialización entre ellos y con adultos que no sean sus padres, es fundamental también para entender que no todos reaccionamos de la misma forma ante algunas situaciones; la base de la educación parvularia es aprender a socializar en un entorno. Además, estando en la sala desarrollan de mejor manera la empatía y la autonomía.

 

– ¿Qué ha sido lo mejor de este tiempo presencial?
Karsna: Tener una conexión mucho más directa con los niños. Me gustaría agradecer al colegio porque esto no se podría haber hecho si no hubiéramos tenido medidas sanitarias tan rigurosas. Es increíble, por ejemplo, lo responsables que son con el uso de las mascarillas. Estoy feliz de tener a todos mis niños de manera presencial. Veo también cómo los padres agradecen que sus hijos puedan interactuar, vivir el jardín infantil y no perderse esta etapa.

 

Francisca: Lo mejor ha sido el contacto con ellos, poder verlos, apreciar cómo van desarrollándose y autorregulando sin que uno les imponga normas de manera severa. Ellos mismos van armando sus rutinas, su forma de trabajar. Valoro también disfrutar de la autonomía de los niños, del cariño y de todo lo que ellos te enseñan también a ti. Hay un enriquecimiento mutuo. Finalmente, cuando tienes clases presenciales puedes saber cómo están, conocer sus emociones y eso te ayuda a llegar a un aprendizaje significativo porque llegas desde su realidad.

 

Krasna continúa y cierra: «Al estar todos presentes, me gusta reflexionar con ellos, tener una participación activa, entregarles cariños, contención, herramientas para que desde pequeños se desenvuelvan en la vida de manera positiva; me encanta enseñar y ver cualquier reacción positiva ante los aprendizajes; aunque sea un mínimo de logro es algo satisfactorio».

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