
Antonio Pérez Esclarín
La ecología y el cuidado de la casa común han sido pilares de Fe y Alegría desde la visión de su fundador, el padre José María Vélaz. Él consideraba la naturaleza la primera manifestación de la revelación divina. A lo largo de su vida, el padre Vélaz manifestó una conexión con las montañas y los árboles. Como Rector del Colegio San José de Mérida, Vélaz estableció un centro excursionista, convencido del poder de la montaña para fortalecer el cuerpo, el espíritu y cultivar una perspectiva que descubre la presencia de Dios en todo.
Él, junto a un grupo de alumnos, logró ascender a la cumbre del Pico Bolívar. Posteriormente, en San Javier del Valle, Vélaz sembró miles de árboles con sus propias manos. Intervino para evitar que la maquinaria de construcción derribara fresnos, e incluso dedicó un poema al “dolor de un fresno, todavía niño, comido por las vacas”. Al descubrir un samán en el Instituto San Ignacio del Masparro, ideó una plazoleta y una cabaña rústica bajo su sombra, para que las personas pudieran contemplar la naturaleza, donde percibía la manifestación del poder y el amor de Dios. Por ello, impulsó que todas las escuelas tuvieran flores, especialmente trinitarias, y que se enseñara a los alumnos a cuidarlas.
También quiso que la propuesta educativa rural incluyera una dimensión forestal, a pesar de la arraigada costumbre de talar árboles y no de plantarlos y cuidarlos. Vélaz denunció con firmeza los crímenes ecológicos de las compañías madereras, a las que llamó “Mataderos forestales o grandes Mataderos industriales para la deforestación y el afeamiento del territorio nacional”. Se dedicó a promover una cultura conservacionista y ecológica.
Soñaba con la reforestación de zonas degradadas con millones de árboles, y para ello creó un vivero de maderas nobles. Recolectaba semillas de árboles y animaba a los estudiantes a sembrar plantas en sus hogares. Su profundo sentido ecológico se refleja en su poesía. En ella se encuentran las constantes de su vida: el asombro ante la naturaleza, que surgía de la oración y el silencio, y su sensibilidad social, siempre al lado de los más vulnerables. Sus versos expresan “un entusiasmo de árboles”, “un amor rotundo al bosque, la montaña, el llano, el agua”. La naturaleza en su poesía está humanizada, habitada por el hombre, que es su interés principal.
La naturaleza es armonía, vida, “un grito sostenido y silencioso de la presencia de Dios”. Resulta conmovedor observar cómo este hombre se conmovía ante “la modestia húmeda del musgo”, “la dulce y mansa arena, esposa del silencio”, o “el gemido del bosque en un oleaje de lamentos”. Las ideas y acciones de Vélaz coinciden con las inquietudes de la encíclica “Laudato Si” del Papa Francisco.
4 de marzo de 2026
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