
Javier Barrios | Comunicaciones Fe y Alegría Venezuela
Fe y Alegría, a través de su Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín (CFIPJ), ha fortalecido un modelo de intermediación laboral que conecta eficazmente a escuelas técnicas e institutos universitarios con el sector empresarial. Esta estrategia se ha convertido en un pilar fundamental para preparar a los jóvenes hacia el trabajo digno y contribuir al crecimiento productivo del país.
María Méndez, responsable de la línea de formación para el trabajo del CFIPJ, detalló que esta iniciativa es fruto de años de construcción y hoy marca una diferencia sustancial en la inserción laboral de miles de estudiantes.
Durante el último periodo escolar, el programa permitió que 5.960 jóvenes realizaran sus prácticas profesionales en diversas empresas. Méndez señaló con entusiasmo que, en lo que va de año, se han sumado 152 nuevas empresas a la red de aliados, ampliando significativamente las oportunidades para el estudiantado.
El ingeniero Francisco Ferrero, gerente general de GENTECA, destacó el alto desempeño de los pasantes universitarios: «Cumplen sus tareas con calidad y puntualidad, cuidan los equipos y poseen una preparación teórica y práctica excelente. Se integran rápido y generan valor. Hemos tenido casos excepcionales, como un estudiante que resolvió un fallo en un circuito electrónico donde expertos habían fallado, y otro que fue contratado antes de terminar su pasantía por su gran iniciativa».
Un aspecto central de este modelo es la negociación con las empresas aliadas para garantizar estímulos que aseguren condiciones de trabajo dignas. Estos apoyos incluyen transporte, alimentación, asistencia médica e incentivos económicos o formación complementaria. La institución reconoce que la pasantía implica gastos logísticos para las familias, y estos acuerdos buscan mitigar dichas barreras.
El sistema de intermediación no se limita a los conocimientos técnicos, exige que el estudiante complete un itinerario formativo basado en dos pilares:
Formación en habilidades blandas: Herramientas esenciales como el autocontrol, la autoconfianza, la comunicación efectiva, el trabajo en equipo y la tolerancia a la frustración.
Competencias para el empleo y emprendimiento: Módulos prácticos para elaborar currículos, enfrentar entrevistas y diseñar modelos de negocio bajo el concepto de Producto Mínimo Viable. También se incluyen habilidades digitales, gestión logística, prevención de riesgos y formación en economías sostenibles.
Méndez aclaró que, aunque los institutos universitarios y centros de educación para jóvenes y adultos aprovechan ofertas específicas (como el curso de instalación de sistemas fotovoltaicos), son las escuelas técnicas y las áreas de capacitación las que acompañan al estudiante durante todo el itinerario hasta su práctica laboral.
Para Fe y Alegría, la relación con las empresas es un ecosistema de crecimiento compartido. «Buscamos transformar la formación técnica en una preparación real para el primer empleo; el estudiante no llega improvisado», afirmó Méndez. Además, los docentes han sido formados como intermediarios laborales, actuando como puentes para adaptar la oferta educativa a las demandas del mercado.
Bajo este esquema, todas las partes ganan: las empresas acceden a talento calificado, los jóvenes obtienen espacios dignos para demostrar su potencial y los centros educativos validan su relevancia académica.
El reto principal de la institución sigue siendo fortalecer esta alianza permanente entre la academia y la industria para desarrollar el talento humano que Venezuela requiere en su reconstrucción. «Formamos ciudadanos que no solo buscan un empleo, sino que contribuyen activamente al crecimiento de su entorno y del país», concluyó la investigadora.
13 de mayo de 2026
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