
Javier Barrios | Comunicaciones Fe y Alegría Venezuela
Una brisa fuerte y salada, propia de la Guajira venezolana, sacude el ambiente. Bajo el techo de un rancho de palma, Carmen se mece en su chinchorro multicolor. Desde una mesita de madera, un radio de pilas deja escuchar el sonido del acordeón y el repique de la caja vallenata. Entusiasmada, Carmen alza la voz: “Aajapüla shiirai tü awalakalaka putchi taapjüi tü kamalikat tamüin”, exclamó. En su traducción al castellano expresó: “¡Hijo, me gusta esa novela, Pueblo de lluvia, dale volumen a la radio!”
Por primera vez en la historia radiofónica del país, una producción dramática cobraba vida en las voces de los pueblos originarios wayúu y yukpa, mientras la señora Carmen escuchaba con asombro aquel relato interpretado por sus propios paisanos.
En 2005, esta propuesta devolvió la fuerza a la radionovela en Venezuela y marcó un hito en la comunicación indígena. Con historias narradas en wayuunaiki, yukpa y castellano, los habitantes de las comunidades fronterizas interpretaron el drama de la migración de hermanos colombianos que huían de la violencia en su país.
Pueblo de lluvia narra la historia de una madre que cruza la frontera junto a su pequeño hijo. Este episodio pertenece a la serie “Cruzar la raya para vivir», producida por la Red Nacional de Radio Fe y Alegría con el apoyo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Los relatos se basaron en testimonios reales de miles de personas refugiadas y desplazadas. “Silencio de mayo” y “Acordeón de vida” completan esta trilogía radiofónica.
Glenyis Sencial, comunicadora indígena y parte del equipo de producción de la serie, enfatiza el valor humano y comunitario del proyecto:
“Gloria Jusayú hizo la voz de la protagonista, la señora Ligia; ella nos dio su talento y su voz. Detrás de Gloria y de Pueblo de Lluvia había todo un equipo guiando y acompañando las interpretaciones, convirtiendo a hablantes nativos en verdaderos actores dramáticos frente al micrófono. En la versión wayúu también participaron Bartolo Salas y Luis Fernández, y en la versión yukpa, Geraldo Romero desde Machiques”.
Por su parte, la activista y comunicadora Gloria Jusayú —hija del reconocido docente, investigador y escritor wayúu Miguel Ángel Jusayú— expresó con emoción:
“Cruzar la raya para vivir, fue para mí una experiencia maravillosa. Creo que fue la primera vez que realizaba una dramatización en radio sobre una historia real, más que ficcionada».
Jusayú insiste en el valor cultural e histórico de la producción:
“La presencia de voces indígenas en la radionovela para el pueblo wayúu, sobre todo en Paraguaipoa, donde se transmitió, fue algo épico, y lo sigue siendo porque no he escuchado otra igual. La gente siempre preguntaba: «¡Ay, queremos más radionovelas!». Nos dejó la enseñanza de lo vulnerables que somos fuera de nuestro territorio, sobre todo cuando nuestro hogar es invadido por la presencia de agentes ajenos a nuestra vida cotidiana”.
Doris Falcón, coordinadora general del proyecto, destaca la relevancia geográfica y humana en la que se enmarcaron estos relatos:
“El título de la serie hace referencia directa a «La Raya», el punto fronterizo entre Colombia y Venezuela. Este territorio es el hogar ancestral de la Gran Nación Wayúu, un pueblo originario que conceptualmente no reconoce fronteras ni divisiones estatales: para ellos es, y siempre ha sido, una sola tierra”.
Falcón detalla los orígenes de la iniciativa: en abril de 2005, Maracaibo y Caracas se convirtieron en epicentros de una apuesta comunicacional sin precedentes. Conformado por un equipo de 12 productores de la Red Nacional de Radio Fe y Alegría, junto al destacado dramaturgo Ciro Acevedo, se reunieron para concebir la serie radiofónica «Cruzar la raya para vivir».
“La iniciativa, impulsada por ACNUR con el apoyo de las embajadas de Canadá y el Reino Unido, buscaba abordar la compleja realidad de miles de ciudadanos colombianos que cruzaban hacia Venezuela huyendo del conflicto armado”, recordó.
Obras como “Acordeón de vida” (To’ejema, en yukpa) y “Pueblo de Lluvia» (Suumain juya, en wayuunaiki) fueron pensadas para dialogar directamente con estas comunidades. No se trató de una simple traducción: comunicadores, productores, lingüistas e intérpretes como Isidro Uriana, participaron activamente como actores, traductores, locutores y asistentes de edición.
Johandry Montiel, directora de Radio Fe y Alegría Machiques de Périja, señaló que transmitir la radionovela “Acordeón de Vida” en yukpa significó un acto de respeto a su cultura y un reconocimiento a su identidad.
“El rescate de la identidad fue uno de los aportes más importantes de esta radionovela. Muchos miembros del pueblo yukpa que no hablaban español pudieron escuchar por primera vez en radio una narrativa en su idioma autóctono. El mensaje era muy preciso y transmitió alegría y aprendizajes a las nuevas generaciones”, subrayó.
Ninoska Romero, coordinadora de producción y guionista del proyecto, recuerda el proceso creativo: “Todo comenzó con un taller sobre radionovela y actuación dictado por el dramaturgo Ciro Acevedo. A partir de allí fuimos seleccionados Mario Pérez, Glenyis Sencial, Carlos Romero y mi persona para redactar las historias. Fueron semanas de trabajo muy intenso, redactando y corrigiendo libretos durante dos o tres meses para concientizar sobre la realidad de los refugiados”.
Pueblo de lluvia (Suumain juya) relataba el desgarrador viaje de una mujer y su hijo que huían de las balas en un pueblo donde nunca paraba de llover, hasta encontrar solidaridad del otro lado de la frontera. Por su parte, Acordeón de vida (To’ejema) narraba la historia de un joven apasionado por la música que se veía obligado a cruzar “La Raya” en busca de protección.
Llevar el guión a los idiomas ancestrales representó un reto inmenso. Como explica Glenyis Sencial:
“Me acuerdo que me bajaba de un autobús y me subía en otro. De la misma presión me salieron las cordales; fue una locura, pero se logró el trabajo. Era muy complicado llevar la historia a nuestro idioma porque no leemos ni escribimos tradicionalmente el wayuunaiki en la cotidianidad. Teníamos que traducir conceptos ajenos como hombres armados, detonaciones, explosiones o ciudades grandes buscando equivalencias culturales. Lideramos esa traducción en equipo junto a Isidro Uriana y Mermis Fernández».
Sencial resalta que este esfuerzo constituyó una victoria cultural: “Nos resistimos a morir como pueblo, como lengua y como cultura. En wayuunaiki la historia gustó muchísimo, incluso más que en español”.

Mientras que en Caracas se contó con actrices de reconocida trayectoria como Rosario Prieto, en Paraguaipoa y Machiques de Perijá la propia gente de la comunidad asumió los papeles protagónicos con gran compromiso.
Ninoska Romero relata esa proeza: “No había actores con experiencia en Machiques, en la Sierra de Perijá ni en Paraguaipoa. Nuestros compañeros Glenyis y Mario convocaron a la gente de la misma comunidad: amigos cercanos a la radio, vecinos y familiares de los trabajadores, y resultó una gran sorpresa”.
La posproducción sonora tuvo un pilar fundamental en Caracas. La reconocida artista venezolana Trina Medina abrió las puertas de su estudio para editar y ensamblar los audios.
Romero precisa que Trina Medina se encargó de la canción oficial «Cruzar la raya para vivir», creada a partir de ritmos afrocolombianos como el bullerengue y el vallenato lento. Además, en su estudio se hizo el trabajo minucioso de editar palabra por palabra los audios en bruto, con la ayuda de productores indígenas yukpa y wayúu que viajaron a Caracas para garantizar la precisión de la edición.
Al reflexionar sobre el impacto a largo plazo, Doris Falcón rinde homenaje a los autores de las obras y al equipo involucrado: Mario Pérez (Acordeón de vida), Ninoska Romero (Silencio de mayo), Glenyis Sencial (Pueblo de lluvia), Carlos Romero, María Cianci, César Do Vale, Trina Medina, Gerardo Lombardi, Javier Barrios, Dora Díaz, Jesús Viloria, María Guadalupe y Mary Jiménez, entre otros.
“A más de 20 años de su creación, la radionovela no pierde vigencia. En las poblaciones rurales e indígenas, la radio sigue siendo el medio más cercano y accesible. Además, la serie ofrece una lección histórica contundente: en 2005 reflejaba a colombianos buscando refugio en Venezuela, y años después la dinámica se invirtió. Esto demuestra que las situaciones cambian, pero la necesidad de empatía y la protección de los derechos humanos permanecen intactas. Migrar no despoja a nadie de su dignidad”, afirmó Falcón.
La serie fue transmitida en más de 22 emisoras de la Red Nacional de Radio Fe y Alegría y se distribuyeron más de 500 copias a radios comunitarias de Venezuela y América Latina, donde sus ondas aún resuenan como una herramienta viva de memoria y resistencia.
¡Disfruta de nuestra radionovela!
🔹 Wayuunaiki: Escucha aquí 👉
🔹 Español: Escucha aquí 👉
29 de octubre de 2026
Deja una respuesta