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Formación para el trabajo: una misión transformadora en el 71 aniversario de Fe y Alegría 

Alcira Ramírez | Coordinadora de la  iniciativa Diversificación de la Oferta Educativa

A 71 años de su fundación, Fe y Alegría reafirma que la formación para el trabajo no es un accesorio, sino el motor para transformar la ignorancia en participación ciudadana.

 

En un 2026 definido por la digitalización y por los retos ambientales, la institución no solo enseña técnicas; forma seres humanos críticos y. hoy, el compromiso con la «casa común” es la prioridad, integrando la responsabilidad ambiental y la ética social como pilares fundamentales para las comunidades.

 

Para el P. José María Velaz, fundador de Fe y Alegría, la formación para el trabajo no era un añadido de la propuesta de educación popular, sino un eje fundamental, ya que estaba convencido de que sólo una educación vinculada a la vida y al trabajo productivo podría romper la tríada de ignorancia – miseria – sumisión y transformarla en humanización – bienestar – participación. En la celebración de los 71 años este eje se reafirma como ruta hacia la justicia educativa y la transformación social.

 

En tal sentido y en un contexto global caracterizado por la rápida evolución tecnológica, la digitalización de los procesos productivos, la inteligencia artificial que no sólo transforma los oficios tradicionales, sino que también redefine nuevos perfiles y competencias laborales, la propuesta de formación para el trabajo tiene que impulsar innovaciones, conscientes de que no basta dominar una técnica, sino que se requiere capacidad de adaptación, aprendizaje continuo, pensamiento crítico y manejo de entornos digitales.

 

Adicionalmente, en el marco de reconfiguración del modelo de desarrollo y de la transición hacia economías verdes y socialmente responsables, a la par de la eficiencia técnica, se hace fundamental formar también en la responsabilidad ambiental, la ética empresarial y el compromiso social con las comunidades.

 

Por todo ello, Fe y Alegría está renovando los diseños curriculares bajo el enfoque de competencias, como una estrategia para asegurar pertinencia y calidad, organizando la formación en función de desempeños verificables en contextos de trabajo reales, integrando competencias básicas, espirituales, técnicas, digitales y socioemocionales.

 

También hay una realidad que se busca atender: en Venezuela, cientos de miles de trabajadores y trabajadoras desempeñan oficios sin tener estudios formales. Por ello, Fe y Alegría está desarrollando un sistema de certificación de competencias a través del cual se evalúan y reconocen formalmente los saberes, las habilidades y los desempeños que una persona ha logrado a lo largo de su vida. Certificar no es entregar un papel; es, sobre todo, reconocer formalmente el saber-hacer forjado con esfuerzo, disciplina y años de práctica, y convertirlo en una herramienta de movilidad social, empleabilidad y dignificación del trabajo.

 

Otra dimensión que se trabaja es el emprendimiento; su propósito es romper la precariedad laboral generando en las personas autonomía económica sobre bases técnicas, éticas y comunitarias. No se trata solo de enseñar a vender, fabricar un bien o prestar un servicio, sino formar sujetos emprendedores capaces de construir proyectos rentables, sostenibles y con responsabilidad social.

 

El movimiento Fe y Alegría ofrece la formación dual, la cual constituye otra innovación que se está impulsando. Con ella se articula el aula con el entorno productivo, se reduce la brecha entre teoría y práctica, y se genera una corresponsabilidad entre instituciones educativas y el sector empresarial. Esta modalidad se convierte en un espacio privilegiado para que los y las estudiantes vivan una cultura del trabajo real y para que las empresas participen en la formación del talento que requieren, elevando sus estándares de calidad y su productividad.

 

En Venezuela, tras años de decrecimiento económico y debilitamiento productivo, se comienzan a ver nuevas oportunidades. En este escenario, es imprescindible vincularse activamente con los sectores productivos, dialogar con ellos, revisar en conjunto las necesidades de talento humano y visualizar las competencias que demandará esta reactivación.

 

En estos tiempos Fe y Alegría está llamada a construir colectivamente con las empresas, los gremios y las comunidades un portafolio pertinente de cursos y programas de formación profesional de calidad, que respondan tanto a los requerimientos de los sectores productivos como a las aspiraciones de dignificación laboral de miles de jóvenes y adultos. El reto es transformar la reactivación que se vislumbra en una oportunidad educativa y de capacitación laboral, como palanca de desarrollo humano, productividad y reconstrucción nacional.

4 de marzo de 2026

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