
Graciela de los Ángeles Portillo | Comunicaciones Fe y Alegría Venezuela
Hay amaneceres en los que el sol te deslumbra y te hace sentir vivo. De eso sé yo porque vengo de Maracaibo, la tierra del Sol Amada. Sin embargo, esta vez fui deslumbrada por el sol llanero, ese que despierta a partir de las 7 de la mañana con su resplandeciente luz, mientras los gallos cantan y las aves vuelan. Mientras los campesinos ordeñan las vacas escuchando música llanera, como las de Simón Díaz.
Ese momento, que seguramente los productores ven como parte de su cotidianidad, para mí fue un privilegio y lo retraté en mi memoria con admiración. Ellos son los garantes de que en nuestras mesas no falte leche ni otros alimentos. Ese esfuerzo que se traduce en constancia, perseverancia y compromiso lo pude apreciar de cerca en la finca San Francisco, del Instituto Universitario Jesús Obrero (IUJO) de Fe y Alegría.

Este se ubica en el municipio Guanarito del estado Portuguesa, donde nació la leyenda de El Silbón y cuyo silbido suele provocar miedo. Sin embargo, hoy predomina el sonido del ganado que camina hacia el ordeño. Una realidad que escriben hombres y mujeres que trabajan para que no falte la leche, la carne ni otros alimentos en nuestras mesas.
Allí, en esa misma tierra, nació también la profesora Pilar del Loyo, directora de Educación Universitaria en Fe y Alegría, con quien tuve el gusto de viajar a este lugar junto al Padre Eloy Rivas S.J., responsable de los institutos universitarios —frente al volante—, y Marisela Ferrer a mi lado, responsable de las Unidades Productivas Pedagógicas.
Con aproximadamente seis horas de viaje, desayuné muy temprano una arepa rellena con huevo acompañada de un jugo de naranja —y un café, por supuesto— hecho por dos mujeres que por primera vez conocía y que con una sonrisa me sirvieron; así que la comida venía hecha con mucho amor.
Pilar siempre se emociona cuando gente de nuestra oficina va con ella a Guanarito. Esto es porque, aunque vive en Caracas hace muchos años, Guanarito fue la tierra que la vio nacer y desde la distancia la ha visto crecer. La profe Pilar —como siempre— llevaba café, panes de sándwich, galletas… En su bolso también traía medicamentos y repelente, ella asegura tener a la mano cualquier cosa que llegues a necesitar.
Marisela y yo —por cierto, ambas de Maracaibo— escuchábamos las historias guardadas de esta tierra que nos relataba y la oportunidad que allí, desde el programa de Educación Universitaria, se empieza a gestar.
Ya en la tarde, cuando el sol empezaba a quemar y el calor a sentirse, nuestra llegada a Guanarito era una realidad. Se veían los animales comiendo su pasto y los altos árboles de los que extraen madera, aunque en algunos tramos la sequía empezaba a notarse.
Horas después de ver el proceso de ordeño recorrimos nuestra finca, la cual cuenta con 336 hectáreas divididas en tres áreas: la vaquería, el huerto y las instalaciones del instituto. En la finca existen 300 animales que se distribuyen en 59 vacunos, 141 bufalinos, 11 vacas, 38 búfalas, 14 cerdos, 4 caballos de trabajo y 2 yeguas. Todos los días producen hasta 215 litros de leche que luego comercializan.
En el huerto hay 3.900 plantas de plátano, produciéndose un racimo por planta de entre 13 a 14 kilogramos, y 500 plantas de topocho que cosechan 250 kg cada 45 días. También hay pimentón, parchita, ají y cacao. Todo lo recorrí profundamente emocionada, recuerdo que solo paraba para hidratarme. También tienen teca, caoba, saqui-saqui, pardillo negro, uña de gato y apamates con fines de materia prima para la carpintería.

Con toda esta capacidad instalada, el IUJO Guanarito se prepara para una importante reinvención, adaptándose a las necesidades de los productores ganaderos de la zona y del país en una alianza estratégica con AGROVENLANCA, para combinar la experiencia académica con la productiva y seguir formando a los productores del campo del presente y futuro, dispuestos a sembrar en tierras que guardan en sí una grandeza impulsada por su gente desde hace años.

Les debo contar que Guanarito es un pueblo pequeño pero de gente trabajadora. Hace más de 20 años un grupo de trabajadores agropecuarios ya percibía la necesidad de contar con un centro educativo que formara a las futuras generaciones en la producción del campo. Esos hombres y mujeres de bien, con perspectiva de futuro, cedieron terrenos, animales, bloques y cemento. Y no solo eso: se involucraron los campesinos, los gremios y la alcaldía. Así nació el Instituto Universitario Jesús Obrero en Guanarito de Fe y Alegría, con dos carreras: Producción Agropecuaria y Tecnología Forestal. Todo gracias a la voluntad de su gente.
Además de la finca, el IUJO Guanarito cuenta con una infraestructura que incluye salones, un auditorio y un espacio que en el futuro podría funcionar como laboratorio. Y hay un salón que esperan habitar para el tema de espiritualidad.
En este recorrido conocí a Luis Herrera y Estrella Astroza, con quienes monté a caballo. Ambos me explicaron cómo montarse y cómo manejarlo mientras recorríamos el campo de Guanarito. Mi caballo se llamaba Caramelo, alto y bello. Luis iba con Josefina, una yegua que estaba preñada, con un galope muy elegante, y Estrella con El Bayo, un poco receloso durante el camino con Caramelo. Todo iba bien hasta que, de regreso, con mis pies le mandé una señal a Caramelo de ir más rápido, tarde para darme cuenta de que no tenía la suficiente experiencia para cabalgar a esa velocidad.
Pero rápidamente Luis, que cabalgaba a mi lado, me ayudó a recuperar el control. Caramelo se portó como un galán y sobre todo fue obediente, ya sabía el camino. Como dicen por ahí, «le solté la rienda». Era mi primera vez montando a caballo y lo hice en el llano mismo, escuchando a Estrella y Luis sobre el campo, su forma de organizarse, la producción y el ordeño. Una maravilla de conversación.
Luis, actual responsable de administrar la finca, es egresado del IUJO. Luego de varios años y de recorrer los llanos de Barinas y Yaracuy, regresa a la finca del IUJO como trabajador de AGROVENLANCA, empresa con la que el instituto sostiene una alianza para impulsar la formación en ganadería agropecuaria. Luis me cuenta que cuando lo llamaron para asumir esta responsabilidad no lo pensó dos veces. Me aseguró que el instituto, además de la formación académica, lo formó en valores cristianos, esos que lo han mantenido de pie y le han dado fortaleza y esperanza para seguir adelante. Lo que más valora del campo es su inmensidad y su nobleza, algo grandioso creado por Dios. Es un hombre de familia que, cuando habla de su esposa y sus dos hijos, le brillan los ojos de felicidad. Así de bonita es la gente que trabaja con Fe y Alegría.
En este viaje Estrella me contó que se define como «mujer del llano», y cuya mirada coincide con su nombre: tiene ojos verdes que brillan como dos luceros. Me contó que viene de la Escuela Técnica Agropecuaria San Ignacio del Masparro de Fe y Alegría, ubicada en la parroquia Dolores del municipio Rojas del estado Barinas. El Masparro está a una hora y media de Guanarito.
Ella también administra la finca de dicha escuela. Por ser mujer, ganarse el respeto de sus compañeros ha sido complejo. La mujer es percibida a veces como alguien cuyas actividades deben ocuparse solo del hogar y la crianza. Por ello, «es raro» ver a una mujer —especialmente en el llano— ocupar espacios de liderazgo y, en este caso, dirigir una finca. Estrella ha logrado superar este reto ganándose el respeto de sus compañeros por su compromiso y conocimiento, ella, además, se graduó como médico veterinario.
Mientras esto ocurría, el Padre Eloy, Pilar y Marisela estaban en el instituto con el resto de los compañeros afinando los detalles para el evento a desarrollarse en pocos días llamado “Visión Agropecuaria 2026”, donde se espera que sea lanzado el programa OptiFormación, una oportunidad de formación agropecuaria adaptada a las nuevas tecnologías y la innovación. De esta manera, el IUJO Guanarito amplifica su oferta educativa no solo egresando técnicos superiores, sino ofreciendo cursos, talleres y diplomados de actualización profesional.
En esta visita me reuní con Fidel, Yuli, Ana, Lisette y Juan para un conversatorio sobre producción radiofónica y vocería en los medios de comunicación. Allí, antes de hablar de estos temas, nos conocimos. Más allá de nuestros cargos y responsabilidades, conocí a un grupo de profesores empeñados en hacer el bien y hacerlo bien. La difícil situación económica del país también los ha llevado a tener más de un trabajo. Cada día es una faena. En las tardes hay racionamientos eléctricos que pueden alcanzar hasta las 6 horas todos los días. Y cuando la energía regresa, es de forma inestable; la luz «pestañea» a cada rato, lo que hace insostenible mantener un aire acondicionado encendido o un teléfono cargando. Las administradoras del instituto deben llenarse de paciencia ante esta realidad que retrasa los procesos, al igual que los profesores.
Sin embargo, frente a esta desmoralización que desgasta, hay una realidad que también convive: la insistencia, persistencia y resiliencia. Un ejemplo de ello es la actitud de los comerciantes de la zona, quienes han emprendido negocios como Guana Café y Otro Nivel de Calle, gente soñadora y valiente como nuestros profesores. Por la misma situación, es común llegar a un sitio y que el refresco no esté frío por las horas sin refrigeración. Algunos negocios ya han empezado a invertir en plantas eléctricas, porque el venezolano siempre encuentra una solución. Guanarito no iba a ser la excepción.
Hay un sueño compartido entre los profesores que guardan con nostalgia: ver sus espacios repletos de estudiantes nuevamente. Por la crisis económica muchos jóvenes, desde hace 5 años, salían en camiones del país, muchos de ellos en condiciones preocupantes cruzando la Selva del Darién. También es una realidad que, de los jóvenes que se quedan, muchos se dedican al campo sin preparación académica.
Pero como siempre, hay excepciones. Conocí a un joven, también llamado Luis. Él ya culminó sus estudios en el IUJO y espera el acto de grado. Me confiesa que su meta era irse del país pero no obtuvo la ayuda necesaria. Todo cambió cuando dos profesoras tocaron la puerta de su casa y lo invitaron a estudiar en el IUJO. Allí descubrió su vocación: trabajar con los animales. Por eso, cuando recuerda a las profesores del IUJO pide «Dios me las cuide».
A la juventud él les dice que se den la oportunidad de descubrir si les gusta o no.
Frente a esta necesidad, la alianza entre IUJO y AGROVENLANCA busca ampliar la oferta educativa. Hay ilusiones, optimismo y voluntad. Por ese empeño de hacer el bien, el IUJO Guanarito se reinventa y, desde la oficina nacional en Caracas, buscamos las formas de ser soporte y acompañantes.
De retorno a Caracas, pasando por el estado Aragua cuando el reloj marcaba las 11:22 de la mañana, pasé de los llanos a ver montañas cubiertas de tierra árida pero con muchas flores amarillas que destacan. Así es la gente que trabaja en el IUJO Guanarito: son las ganas que, aun con pies descalzos, caminan. Como me dijo la profesora Pilar: «aquí existe la pobreza, pero no la miseria».
Días después comprendí que Guanarito cuenta con recursos que su gente es capaz de convertir en beneficio colectivo a través de la educación. Allí es donde Fe y Alegría integra el campo y los saberes para crear el campo más grande de esperanza y ser espectadores de la verdadera transformación social.
Guardo en mí el sabor de la picadilla —plato típico de Guanarito compuesto por carne, yuca y topocho cortados en cuadritos chiquititos — como una esperanza renovada que me invita a seguir en esta misión tras cumplir 8 años en el Movimiento. Viajar a Guanarito fue recordarme las razones que me mantienen sembrada aquí. Las historias que estamos llamados a ver, a sentir y a seguir narrando. Reinventarnos y contarnos.
Aprendí del ordeño y el cuidado animal como la grandeza y bondad del campo, de su gente y quienes hacen país con Fe y Alegría.
22 de febrero de 2026
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