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Madres hay más de una

El amor de una madre es el motor que le permite al ser humano hacer lo imposible. Una madre es amor en sí misma, esa palabra nos recuerda lo cariñosa, afectuosa, protectora, paciente, tierna, comunicativa, perseverante que son ellas. En el Día de la Madre el Movimiento de Educación Popular y Promoción Social Fe y Alegría quiere reconocer la labor diaria de las mujeres que crean un ambiente familiar lleno de felicidad, cariño y comprensión.

 

En esta ocasión la educadora y coordinadora del programa Madres Promotoras de Paz de Fe y Alegría, Luisa Pernalete, escribió un artículo para enaltecer la tarea que realizan las Madres Promotoras de Paz en la prevención, reducción y erradicación de los diversos tipos de violencia que existen en Venezuela.

 

Madres hay más de una

 

“Es una bendición ser una Madre Promotora de Paz”, así dijo la señora Elsy, de San Félix, estado Bolívar, una vez que la entrevistaron. Y es que este programa de Fe y Alegría, nacido en Ciudad Guayana, en el 2010, trae muchos beneficios para las madres que participan en su curso básico, y sobre todo, para las que quedan integradas en algún grupo.

 

Recuerdo su origen. En Fe y Alegría Guayana, se habían tenido varias víctimas producto de la violencia delincuencial. En solo 2 años, mataron a una estudiante de 15 años de un colegio de Ciudad Bolívar; una pequeña que estudiaba 5 grado quedó atrapada en una balacera en San Félix; un adolescente de 13 años fue asesinado por una banda en Puerto Ordaz; un chico de 17 lo mataron en un atraco; la madre de unos alumnos fue secuestrada y asesinada; y el esposo de una maestra lo mataron al robarle su carro. Dijimos que teníamos que hacer algo más por la convivencia pacífica en hogares, centros educativos y comunidades.

 

Mientras tanto, las tasas de violencia en el país crecían, y Venezuela se iba convirtiendo en un país muy violento.

 

Fe y Alegría decidió que había que trabajar de manera sistemática el tema de prevenir, reducir y erradicar diversos tipos de violencia. Ello suponía atender a estudiantes, maestros y familias. Propusimos entonces comenzar por las madres, pues a ellas todo el mundo le echa la culpa y nadie o casi nadie, les tiende la mano. Surgen pues los primeros ensayos del programa Madres Promotoras de Paz (MPP) en varias comunidades de Ciudad Guayana. Luego se convertiría en programa nacional.

 

Al principio sólo pensamos en un curso, para dar herramientas a las madres participantes. Este curso lo constituían 3 niveles: el personal, el del hogar y el de la comunidad. Después comenzamos a soñar con un movimiento de madres organizadas. No hemos dejado de soñar.

 

Con el primer nivel del curso las participantes, después de entender el fenómeno de la violencia, que es pluricausal y no natural –no se nace violento, se aprende a ser violento– pero que se puede prevenir, reducir y erradicar, como se ha demostrado en países en donde se han implementado políticas públicas para ello. En este nivel se trabaja la paz personal: descubrir y sanar heridas de la infancia, descubrir la historia dolorosa y también la bondadosa, y trabajar el perdonarse, pedir perdón y perdonar. Las participantes salen felices, sanadas, con autoestima elevada. No son charlas, son ejercicios personales.

 

En el segundo nivel, se trabaja el hogar: cómo comprender mejor a la familia, algunas habilidades sociales como saber escuchar. Las causas de la violencia en la casa. En ese nivel nos volvemos “comadres”, porque los hijos de ellas, son ahijados de los educadores. La familia y la escuela deben jugar del mismo lado de la cancha. Son aliados, no enemigos.

 

En el tercer nivel, se hace un diagnóstico de la comunidad, las amenazas y las oportunidades, con quiénes se pueden aliar para promover la convivencia pacífica; también se ven los derechos que tienen los niños, niñas y adolescentes en relación a la vida en paz y posibilidades de acción para conseguir esa paz. Se ven propuestas de participación para promover la convivencia pacífica.

 

Al final, sucede una “graduación” y cada participante dice por qué se puede graduar, qué fue lo más relevante de lo que aprendió. Recuerdo que una señora dijo que ella se podía graduar porque su esposo le había dicho que desde que estaba en ese curso se llevaban mejor y que entrara en todos los cursos de la escuela. Nos reímos y la graduamos.

 

De esos ensayos salió el libro Conversaciones sobre la violencia y la paz: una invitación a la convivencia pacífica, autoría de quien escribe estas líneas, y el cual ya tiene dos ediciones.

 

El programa no fue concebido solo para Fe y Alegría, sino para quien lo necesitara, por eso, por ejemplo, en la Diócesis de Ciudad Guayana, el curso se dio a varias parroquias que lo pidieron, y se han mantenido.

 

¿Resultados? Los grupos deciden en qué van a trabajar al terminar el curso: replicar el mismo en la escuela, cooperar con los maestros en su labor diaria, planes vacacionales, dar charlas en escuelas que no sean de Fe y Alegría, formar grupos de madres e hijos en navidad, estar pendientes de los “niños dejados atrás” en su comunidad, en Guayana y Caracas han incorporado “compadres”… ser mejores madres es la base de todo.

 

En estos tiempos de emergencia educativa, el programa se ha ido reinventando: hay un par de grupos de WhatsApp, en Caracas hay MPP auxiliando a sus escuelas por el tema de las renuncias de maestros y hasta están estudiando educación, cooperan en sus parroquias…

 

Claro que con la diáspora y la cuarentena prolongada el programa se ha visto afectado puesto que se han ido líderes, facilitadoras, pero estamos en proceso de relanzamiento, porque promover la paz se sigue necesitando, pues se sabe que con la pandemia se ha incrementado la violencia intrafamiliar, y además, estamos conscientes de la necesidad de incorporar contenidos de prevención de la violencia de género y la violencia sexual, así como el asedio de bandas organizadas para reclutar niños y adolescentes en comunidades muy violentas. Además de herramientas para acompañar a los hijos en la educación a distancia.

 

¿Impacto? Hay un documental elaborado por HBO Latinoamérica sobre el programa, y en algunas partes son referencia de ser luces en medio del apagón. Así que “madres hay más de una” porque existen las Madres Promotoras de Paz, que se vuelven co-madres.

 

Lean lo que comenta una de las facilitadoras del programa cuando le pregunté qué significaba ser MPP: “Realmente es maravilloso ese proyecto, ya que abordar las historias desde sus alegría y tristezas, conocer y ser parte de sus vidas, es gratificante, crecer juntas- Aprender y desaprender la violencia, ya que siempre recuerdo lo que ud. nos decía, que nadie nace violento, sino que se hace violento (…) y lo importante es que se puede disminuir y prevenir… Sí es posible, sólo hay que atreverse a apoyar a tanta gente que necesita sentirse querida, aceptada, es el gran secreto. Reír y rezar… sentirse comadres de las que conocí, es un honor. Las “comadres” de mi centro están muy agradecidas de ese proyecto”, expresó Jasmín.

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