
Yelitza Guillén | Coordinadora Nacional de Planificación Estratégica de Fe y Alegría Venezuela
Durante más de 26 años, Fe y Alegría a través de nuestro programa dirigido a jóvenes y adultos llamado EduComunicación, ha navegado la compleja red de caños del estuario del Orinoco siguiendo la premisa: “Donde termina el asfalto, comienza Fe y Alegría”. Esta frase no solo define la misión del Movimiento de Educación Popular Integral y Promoción Social nacido en Venezuela en 1955, sino que simboliza el compromiso de llevar educación formal, técnica y en valores a las zonas periféricas, rurales y marginadas donde el Estado y la infraestructura urbana no llegan. Con su sede principal regional ubicada en Tucupita, la institución ha desplegado su labor en comunidades indígenas de parroquias emblemáticas del municipio Antonio Díaz —como Santos de Abelgas (Araguaimujo), Manuel Renaud (Musimurina, Dijarukabanoko, Joanakasi, Bebeina, Mujabaina) y Padre Barral (Tekoburojo, Nayara, Pascuala, Batokonoko)—, así como en asentamientos periurbanos y fluviales de Pedernales y Tucupita.
En el año 2020 tuve el honor de acompañar esta misión desde la Coordinación Nacional de Pedagogía del programa EduComunicación, actualmente con investigaciones, estudios y procesos de sistematización educativa en el Bajo Delta se destaca cómo la presencia constante en el territorio ha consolidado un aprendizaje recíproco. El equipo multidisciplinario de Fe y Alegria Tucupita, conformado por miembros de la comunidad Warao y jotaraos, ha ido más allá de la implementación de metodologías pedagógicas: ha aprendido a habitar los caños, cultivar la escucha profunda y reconfigurar la acción educativa en sintonía con el pensamiento ancestral y el abrazo comunitario warao.
En esta geografía, el encuentro educativo es un espacio comunitario donde aprende la familia entera: la enseñanza no se limita al joven o al adulto, sino que el núcleo familiar participa unido y, aunque la atención se dirija formalmente a las personas adultas, las niñas y niños aprenden a leer y escribir al lado de sus madres y padres.

Comunidades atendidas por Fe y Alegría en los Caños del Bajo Delta
Replantear la concepción pedagógica desde la cotidianidad fluvial
La vida a orillas del río exige romper con los esquemas educativos rígidos. En este contexto, la convivencia diaria con el pueblo warao ha redefinido el modelo pedagógico y la estructura operativa de Fe y Alegría en dimensiones fundamentales:
De la logística rígida a la adaptación al ritmo del río: el trabajo de Fe y Alegría en los caños está marcado por la mítica embarcación tipo peñero de la organización (un bote blanco con toldo, de 7.05 metros de eslora y dos motores). Realizar un recorrido completo de jornadas educativas exige una compleja planificación logística (desde 750 litros de gasolina y 20 litros de aceite, alimentos para días de pernocta, entre otros). No obstante, la verdadera lección y cercanía ocurre al llegar a una comunidad originaria como Dijarukabanoko: para desplazarse hacia los asentamientos vecinos (Musimurina, Bebeina, Joanakasi o Mujabaina), el equipo apaga los motores y se traslada en canalete (a remo en canoa) junto a los pobladores. Esto no solo ahorra combustible, sino que integra a los educadores al ritmo silencioso y respetuoso del agua.
Los materiales educativos son nacidos desde el contexto intercultural: en lugar de imponer textos estandarizados en castellano, se crearon e implementaron materiales bilingües como los libros IDAMOTUMA KARATA TERIBUYA, que en su traduccion al español significa “Los adultos estudiamos” y KA NAMINA EIDAYA, que significa “Hacemos crecer nuestros saberes”, diseñado junto a UNICEF. En ellos, la lectoescritura en warao es el punto de partida que dignifica la identidad, utilizando elementos autóctonos como el conuco, el ocumo chino, la palma y el río para construir el aprendizaje.
Flexibilidad ante la realidad de subsistencia y los lugares donde estudiar en el delta bajo: en los caños del Bajo Delta, el acceso a la educación enfrenta complejas barreras geográficas. Para la mayoría de las comunidades originarias, las escuelas se ubican a más de cuatro horas de navegación a canalete, lo que dificulta la continuidad académica de adolescentes, jóvenes y adultos. A esta distancia se suma la limitada oferta en educación media: tras culminar la primaria, muchos estudiantes no encuentran dónde continuar sus estudios, dado que la zona solo cuenta con tres centros educativos que otorgan el título de bachiller (ubicados en Araguaimujo, Nabasanuka y Guayo).
Aportes del pueblo warao a Fe y Alegría
En este proceso de sistematización de experiencias he evidenciado que la comunidad warao camina de la mano con Fe y Alegría con valiosas lecciones de vida, organización y espiritualidad:
El protocolo del respeto y la gobernanza ancestral: el poder generar un vínculo tan cercano donde a través de la cosmovisión se transforme algunas metodologías técnicas a la estructura tradicional liderada por el Aidamo (autoridad comunitaria). La entrada a un caño requiere pedir permiso, saber esperar en la embarcación y entender que el silencio en la cultura Warao no es incomodidad, sino un espacio necesario para la reflexión colectiva.
La cosmovisión del entorno y el «Árbol de la Vida»: para el warao, la naturaleza no es un recurso inerte, sino un espacio sagrado habitado por seres espirituales (Jebu). La integración del moriche y el río en las dinámicas de aprendizaje reafirma la importancia crucial de resguardar la «casa común» en cada jornada educativa.
La solidaridad comunitaria a través de la Olla Solidaria: desde el año 2018 cada jornada intensiva de formación de facilitadores voluntarios en los caños, acompañamiento a los centros comunitarios de aprendizaje, atención distribución de materiales en comunidades como Dijarukabanoko, Joanakasi o Bebeina, estas actividades educativas culminaban en una Olla Solidaria. Este encuentro festivo y comunitario reafirma que el aprendizaje es una vivencia compartida donde se alimenta tanto el espíritu como el cuerpo.
La radio como puente educativo: ante la falta total de energía eléctrica e internet en los caños profundos, la entrega de radios portátiles y solares en comunidades como Araguaimujo, Nabasanuka, Dijarukabanoko, Bebeina, Joanakasi, Musimurina y Mujabaina permitió llevar campañas de Educomunicación, hábitos de salud y contenidos escolares. Esto reafirma la escucha comunitaria alrededor del radio receptor como un vehículo de cohesión social.

Experiencias que sensibilizan ante la sabiduria indigena
La vivencia en el caño son anécdotas de humedad, humildad y aprendizaje en el campo que evidencian cómo el contacto diario con el pueblo warao contextualizan las prácticas del equipo de Fe y Alegría:
El largo viaje hacia Dijarukabanoko: Para llegar a los centros comunitarios de aprendizaje en el municipio Antonio Díaz, el equipo emprende travesías que inician a las 7:00 am zarpando desde el Puerto de Volcán en Tucupita. Tras seis horas de navegación fluvial en ocasiones con mareas y corrientes, la embarcación hace escala en Araguaimujo, y luego se retoma el viaje hasta Dijarukabanoko. Esta travesía constante es algo típico de los caños hace recordar la paciencia, el desapego al tiempo de reloj y la resistencia física que los Warao ejercen a diario.
Aprender a «halar remo»: En las visitas de seguimiento entre comunidades cercanas a Dijarukabanoko (como Mujabaina o Bebeina), los maestros de Fe y Alegría no utilizan la lancha a motor para no malgastar combustible. Son los propios jóvenes y líderes warao quienes enseñan a los profesores jotarao (criollos) a manipular el canalete y mantener el equilibrio en la curiara. La lección pedagógica es transparente: en el agua, el maestro es el warao, y el docente es el aprendiz.

La dignidad del Janoko como aula de clases: Frente a la falta de infraestructuras escolares del Estado —o escuelas de concreto sin techo como en Isla Nueva—, la comunidad acoge al equipo en sus propios janokos (palafitos de temiche y mangle) o en espacios abiertos construidos con sus propias manos. Ver a niños y adultos tendidos sobre el piso de madera de un janoko, concentrados escribiendo en sus cuadernos Idamotuma Karata Teribuya, demuestra que el verdadero templo educativo es la voluntad comunitaria.
La sistematización de las experiencias de Fe y Alegría EduComunicación en el Delta Amacuro confirma que la verdadera transformación educativa no radica en los suministros entregados ni en las estadísticas alcanzadas, sino en la hermosa labor humana donde el aprendizaje ha sido de ambas partes. El pueblo warao ha enseñado a la organización a navegar a su ritmo, a remar juntos en canalete, a valorar la sabiduría de la tradición oral y a construir una educación popular donde el afecto, la solidaridad comunitaria y la dignidad ancestral son el verdadero corazón del aprendizaje.
30 de octubre de 2026
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