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“A mí quien me mantiene de pie son los niños”

Testimonio de Jenny Mata | Docente de la Escuela Fe y Alegría Simón Bolívar

Escrito por Daniela Falcón | Referente de Comunicaciones de Fe y Alegría Escuelas (Región Caracas – La Guaira)

 

Jenny Mata es maestra de primaria con seis años de entrega en la Escuela Fe y Alegría Simón Bolívar, ubicada en Caraballeda, sector declarado zona cero por el doble terremoto. Por fortuna, la escuela no sufrió daños severos en su infraestructura. Las grietas que existen no son visibles: permanecen en la mente y el corazón de la comunidad educativa. En su mayoría, aún se enfrentan  al dolor por la pérdida de viviendas y de seres queridos.

 

En consecuencia, la reconstrucción humana de quienes allí trabajan se ha vuelto la tarea más urgente y prioritaria. En el caso de la maestra Jenny, cuando se activaron las actividades de Escuelas Abiertas durante el mes de agosto, no dudó en participar. 

 

Cuenta que encontró un apoyo importante por parte del director de la escuela: “Le digo que me hubiese gustado trabajar en el programa, pero no tengo ninguna documentación”, le dice Jenny a su director porque durante el doble terremoto su edificio colapsó y perdió bienes materiales, incluyendo sus documentos. “El director me dice quédate tranquila”, recuerda. Y él,  se encargó de tramitar todos los papeles que reposaban en la institución.

 

En el programa de Escuelas Abiertas, Jenny encontró en sus estudiantes el amor y la fortaleza que necesitaba para seguir adelante.

 

“A mí quien me mantiene de pie, quien me da fuerza, son los niños”, dice. Jenny encuentra en sus estudiantes, la motivación para continuar. Al mismo tiempo se preguntaba: “¿Qué voy a hacer yo en cuatro paredes de una casa, con el temor de que va a temblar? ¿Qué va a pasar? ¿Qué voy a hacer?”, y en su lugar, procuro refugiarse en los niños, para hacerles reír y ella con eso, también empezar su recuperación. 

 

Pedagogía del amor

 

Con los más pequeños implementó dinámicas lúdicas inolvidables y logró devolverles la seguridad. Implementó los viernes temáticos con peinados locos, ropa al revés, medias disparejas, pijamas y hasta bajó en moto desde Macuto con zapatos decorados con caramelos. Utilizó peluches como objetos de apego para devolverles la sensación de seguridad y se lanzó con ellos en los colchones inflables hasta agotar sus fuerzas.

 

Jenny sabe que su alegría es una decisión diaria. Entendió que debía ser la raíz firme que sostuviera a su propia hija, a sus padres y a sus alumnos: “Entendí que tenía que darle fuerza a otros, ser como una raíz, esa raíz que si se debilita, algo se cae”, afirma. 

 

La maestra Jenny ha marcado el corazón de sus niños, encontrando en las sonrisas del aula la terapia y la fortaleza indispensables para continuar de pie. Jenny, tambien tiene a su mamá de 83 años y su papá de 80 años, quien tiene parkinson (un trastorno cerebral neurodegenerativo que afecta el movimiento, el equilibrio y la coordinación). 

 

El dolor de cabeza que la salvó 

Jenny cuenta que su vida es cómo un “vaivén”. Ella se la mantenía entre su apartamento, ubicado en la planta baja del complejo habitacional OPPE 25, ubicado en la parroquia Caraballeda, y la casa de sus padres. El día del temblor, cuando se dirigia a su apartamento, sintió un fuerte dolor de cabeza y decidió regresar a la casa de sus padres. Allí le agarró el doble terremoto. Observó cómo venían de un lado a otro los gabinetes de la casa de su mamá. 

 

“Abrazaba a mí hija, yo le decía, tranquila, mami, no está pasando nada. Y la pegaba contra mi pecho, como para que ella no viera”, recuerda. No fue sino hasta el día siguiente, con la luz del sol, que se reveló la magnitud de la catástrofe que la oscuridad de la noche no había permitido apreciar. La planta baja de su edificio colapsó: perdió su vivienda, sus enseres y sus documentos legales.

 

Ese día bajó a las 6 de la mañana a buscar a María Laya, una maestra mayor que también trabaja con ella en la Escuela de Fe y Alegría Simón Bolívar y que vive sola. Jenny, la encontró con vida ese día y la ayudó a conseguir señal telefónica para que se pudiera comunicar con sus familiares. 

 

Para la maestra Jenny, haber perdido aquellos bienes materiales contrario a lo que se dice que se recupera, ella siente que “a veces se olvidan que ahí también tienes tus recuerdos”. Jenny, también perdió amigos y familiares. Su prima y su tía, que vivían en el sector Macuto, fallecieron tras derrumbarse el edificio donde vivían. Sus cuerpos fueron rescatados sin vida 18 días después. A ese dolor se sumó el duelo por tres niñas del equipo de kikimbol de su hija, deportistas a las que apoyaba en todos los partidos y que eran también como sus hijas.

 

Frente al dolor, Jenny se sostiene con el amor de sus estudiantes. Mantiene el optimismo en el interior del corazón, aún cuando los días pesan por el dolor de quienes ya no están, aparece su hija, su familia y sus estudiantes para recordarles los motivos para seguir. 

29 de septiembre de 2026

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