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“Estamos vivos, estamos aquí y somos otra Venezuela”

Daniela Falcón | Referente de Comunicaciones Fe y Alegría Universidad

Testimonio de Graciela López | Coordinadora de Pastoral del Instituto Universitario Jesús Obrero (IUJO) Caracas

 

Los estragos del doble terremoto no fueron lejanos ni ajenos. Tocaron las aulas, los pasillos y los hogares de nuestra propia gente del IUJO con sede en Caracas. El dolor de la pérdida caló muy hondo en el corazón institucional: “Nosotros tuvimos la pérdida de un estudiante, de una profesora y también de bastantes familiares, amigos de algunos profesores y de estudiantes, y varios que quedaron damnificados”, contó Graciela.

 

Graciela recuerda a la profesora Modesta, de quien asegura dejó un ejemplo de servicio incondicional para sus estudiantes y una huella imborrable en toda la comunidad universitaria. Lo mismo ocurrió con Ronaiker Pernalete, estudiante del IUJO, quien, a pesar de haber resistido bajo los escombros, falleció por síndrome de aplastamiento.

 

“Ronaiker, estuvo bajo los escombros y fue el motivador, la persona que le dio aliento a todas las personas que estaban allí mientras fueron rescatadas”. Cuenta Graciela que su papá está muy orgulloso porque ha recibido mensajes de agradecimiento hacia su hijo por todo lo que hizo en medio de esa situación. Para la comunidad universitaria, ese orgullo es compartido, pues Ronaiker era parte de la familia iujista. Por Modesta y Ronaiker, el IUJO se unió en oración y en un abrazo de fe: “Hicimos una oración juntos, para todos sus familiares, amigos, compañeros de clase, por Ronaiker y Modesta”.

 

 

Cuando ocurrió el doble terremoto, el IUJO con sede en Caracas permaneció con las puertas abiertas y decidió caminar junto a sus estudiantes —algunos de ellos damnificados— y ser portador de esperanza en medio del dolor de aquellos días. La profesora Graciela cuenta que fue testigo de cómo los suyos dieron el paso con lo que tenían en las manos y, especialmente, en el corazón.

 

Talento al servicio

 

El dolor se transformó en movimiento. Profesores y estudiantes se unieron para tender una red de apoyo donde cada quien puso su talento al servicio del otro. De esa manera se organizaron en tres grupos.

 

El primer grupo se dirigió al Parque del Oeste para acompañar a las personas que llegaban damnificadas desde La Guaira, donde la solidaridad no solo fue entregar ropa o comida, sino devolver la ternura y la cercanía: “Los estudiantes recolectaron materiales no perecederos y también se dedicaron a peinar a las niñas que se encontraban en el recinto. Otro grupo entregó helados”, dijo. 

 

El segundo grupo se desplazó hacia la zona cero en La Guaira para llevar materiales que habían recolectado: allí, una de las estudiantes de Informática pudo bajar, cocinar y trabajar en el lugar con todo lo recuperado por la comunidad del Jesús Obrero.

 

Graciela relata que al llegar al instituto nuevamente partía el alma. No había palabras preparadas que alcanzaran para describir la incertidumbre de cientos de miradas perdidas, recuerda la profesora, conmovida por ese primer choque con la realidad: “Al llegar, por supuesto, es un impacto visual al ver tanta gente con situaciones delicadas, preocupados qué iba a pasar con su futuro más cercano. Por supuesto que hubo mucho respeto, afecto, cercanía”, dijo.

 

 

El último grupo, integrado por estudiantes y profesores, se encargó de realizar llamadas telefónicas a la comunidad estudiantil. “Nosotros tenemos una población de 1.400 estudiantes y teníamos que hacer llamadas a todos los que nos notificaron que, de alguna manera mediante un formulario, tenían alguna situación delicada, alguna situación que debíamos tomar en cuenta. Además de hacer el seguimiento y el acompañamiento de las que habían tenido alguna situación delicada o que se encontraban damnificadas. Llamamos a todos», detalló.

 

Graciela dijo que cuidar a una comunidad de más de mil jóvenes implicó desvelos y un seguimiento telefónico incansable, uno a uno. A ese esfuerzo mancomunado se sumó la mano de todo el Movimiento: “Fe y Alegría nos ayudó con alimentos no perecederos y enseres , que pudieron ser de gran ayuda para aquellos estudiantes, y que por supuesto agradecemos. Lo que más agradecen los estudiantes son las cartas enviadas por niños de las escuelas de Fe y Alegría de Los Andes del país; eso fue muy conmovedor y fue algo que ellos agradecieron muchísimo”, dijo.

 

¿Cómo estás? Una pregunta que cobró más sentido

 

Ahora, en el regreso a clases universitarias, cuando los pasillos volvieron a llenarse y las miradas se encontraron frente a frente en el aula, el instituto universitario no es el mismo: nació una hermandad más profunda, templada en la adversidad. La sonrisa, el agradecimiento y la calidez del abrazo y de las miradas definitivamente fueron otras al regresar al instituto, aun con el dolor.

 

“Pude palpar que cuando nosotros regresamos a las clases presenciales, notamos el abrazo, la bienvenida, el abrazo más duradero”,  afirma Graciela. Para ella, ese gesto se traduce a un «estamos vivos, estamos aquí y, por supuesto, que somos otros, somos otra Venezuela”. 

 

Cuando el instituto retomó el contacto académico de forma virtual, la prioridad jamás fue avanzar con un programa frío. De acuerdo con lo dicho por Graciela, la prioridad era abrazarlos: “Los estudiantes, cuando empezamos nuestras clases de forma virtual, lo que más agradecieron fue que los profesores, en vez de comenzar con las materias, preguntaran cómo se sienten, cómo están, adelante, ánimo”. 

 

Para los muchachos que seguían buscando a los suyos entre el barro y las piedras, el mensaje docente fue de puro respeto y contención: Y para aquellos que estuvieron en situaciones muy delicadas, el hecho de que se les llamara y se les dijese: “Tranquilo, sigue en tu situación, sigue sacando a tus familiares, sigue esperando» fue alentador. 

 

“Nos dimos cuenta también la importancia que es tener la presencia física, así sea viva o muerta, esa persona desea tener a su familiar de alguna manera, saber que está, que se encontró, y eso también nos llamó muchísimo la atención”. 

30 de septiembre de 2026

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