
Daniela Falcón | Referente de Comunicaciones Fe y Alegría Universidad
A través de una capacitación de 50 horas académicas, Fe y Alegría Venezuela brindó herramientas pedagógicas a madres voluntarias de las zonas Caracas-La Guaira y Miranda para acompañar los procesos educativos de sus comunidades.
La historia de Fe y Alegría está profundamente vinculada con el compromiso de las familias y las comunidades con la educación. En Caracas, Abraham Reyes y su esposa, Patricia, ofrecieron su propia casa para hacer posible una escuela para los niños y niñas de su comunidad. Aquel gesto solidario dio origen a una obra educativa que, desde entonces, reconoce en la participación de las familias una fuerza fundamental para transformar vidas.
Ese compromiso sigue presente en las madres que acompañan la vida escolar de sus hijos e hijas, participan en las actividades de los centros educativos y se acercan a los docentes con una pregunta que expresa su disposición a colaborar: «Maestra, ¿qué necesita?».
Con el propósito de fortalecer esa voluntad de servicio y ofrecer herramientas para acompañar los procesos de enseñanza y aprendizaje, se realizó el programa formativo Soporte Pedagógico, preparado por la Coordinación de Extensión Profesional (CEP), adscrita al Instituto Universitario Jesús Obrero (IUJO), sede Petare, de Fe y Alegría.
La capacitación, de 50 horas académicas, reunió a 17 madres voluntarias de centros educativos de las zonas Caracas-La Guaira y Miranda, quienes recibieron formación en fundamentos pedagógicos, didácticos y humanos para brindar apoyo en las aulas ante contingencias o ausencias imprevistas del personal docente.
El vínculo entre el IUJO y las madres de las comunidades forma parte de la trayectoria de la institución. La profesora Pilar Loyo, directora del Programa de Educación Universitaria de Fe y Alegría, recuerda que, hace 28 años, cuando comenzó esta propuesta educativa, muchas de las estudiantes de la carrera de Educación eran madres voluntarias que, gracias a su formación y experiencia, llegaron a asumir responsabilidades como la dirección de escuelas.

Hoy, esa experiencia inspira nuevas iniciativas que buscan fortalecer el acompañamiento educativo en las comunidades. Ante las situaciones en las que una escuela puede necesitar apoyo por la ausencia temporal de un docente, la CEP de Petare asumió el reto de convertir la disposición de las madres voluntarias en una oportunidad de formación.
«Es importante contar con una madre voluntaria que tenga las herramientas pedagógicas básicas, que no ponga al niño solamente a jugar o a estar sentado toda la mañana porque no vino el maestro por cualquier motivo. Es un beneficio enorme contar con una persona adulta que, primero, esté identificada con los niños, porque en las aulas del colegio está su hijo o su sobrino; y segundo, que cuente con formación pedagógica esencial», explicó Loyo.
La profesora destacó la importancia de que las voluntarias puedan proponer actividades acordes con la edad de los estudiantes y contribuir a mantener una dinámica educativa significativa durante estas situaciones. De allí surge el nombre del programa: Soporte Pedagógico.
Durante las 50 horas académicas, las participantes abordaron contenidos relacionados con la planificación educativa, la psicología del desarrollo infantil y las estrategias lúdicas para la enseñanza de la lectura y los números. Estos conocimientos les permiten contar con herramientas para acompañar a los niños, niñas y adolescentes de sus comunidades educativas con mayor preparación y confianza.
Para Loyo, uno de los aspectos más significativos de esta experiencia fue la participación de mujeres jóvenes dispuestas a dedicar parte de su tiempo al bienestar de la escuela.
«A mí me llamó la atención que había un buen grupo joven. Porque escuchas de madres voluntarias y piensas en abuelas o en madres que no tienen otras actividades. No piensas en esa mujer de 30 años que está en pleno momento productivo y dice: Mira, yo le voy a dedicar este tiempo a la escuela. A mí eso me encantó», expresó.
Al finalizar la formación, también se extendió a las participantes la invitación a continuar sus estudios en el IUJO y cursar la carrera de Educación, con la posibilidad de obtener el título de Técnico Superior Universitario (TSU).
Más allá de los conocimientos adquiridos, la formación representó para las participantes una oportunidad de crecimiento personal y de fortalecimiento de su compromiso con la comunidad educativa.

Patricia Pérez, madre voluntaria de la Escuela Fe y Alegría Madre Cecilia Cros, describió su experiencia como una oportunidad para aprender y descubrir nuevas maneras de contribuir al trabajo de los docentes. «Mi experiencia en este proyecto fue excelente. Salí con nuevos conocimientos, con aprendizajes excelentes. Me capacitaron para apoyar no solo a las maestras, sino también a los niños, niñas y adolescentes. De verdad lo recomiendo 100 %. Es una oportunidad brindada para cada una de nosotras que tenemos el deseo de aportar y ayudar a las escuelas», espresó.
Para Leanet Cabello, madre voluntaria del centro educativo Fe y Alegría Jesús Maestro, esta labor significa mucho más que acompañar a sus hijos durante la jornada escolar. Es una forma concreta de contribuir al trabajo de quienes educan y de poner sus capacidades al servicio de la comunidad. «Ser madre voluntaria es poder aportar un granito de arena en cada momento. No es solo llegar y dejar al niño, sino poder ser ese bastón, ser esa ayuda incondicional para las maestras», comentó.
La experiencia también despertó en las participantes el deseo de continuar aprendiendo y de animar a otras madres a sumarse a iniciativas de formación como las que impulsa la CEP del IUJO.
Así lo manifestó Alexabeth García, madre voluntaria del centro educativo Fe y Alegría Roca Viva. «En esta formación mis sentimientos fueron de gratitud, recibí muchas enseñanzas. De verdad fue algo gratificante, una experiencia más sumada a mis logros. Me gustaría que todas las madres voluntarias se sumaran a esta experiencia, así como yo, y llegaran a reconocer y a fortalecer aún más sus conocimientos», confesó.
La formación de estas 17 madres voluntarias reafirma el valor de construir comunidades educativas en las que familias, docentes e instituciones sumen capacidades para acompañar el desarrollo integral de los estudiantes. Para Fe y Alegría, educar es una tarea compartida que se fortalece cuando la comunidad participa, aprende y encuentra nuevas formas de contribuir al bienestar de los niños, niñas y adolescentes.
Con iniciativas como Soporte Pedagógico, el Programa de Educación Universitaria y el IUJO continúan abriendo espacios para que la vocación de servicio se acompañe de conocimientos, herramientas y oportunidades de crecimiento. Porque cuando una madre fortalece sus capacidades para apoyar a la escuela, también contribuye a construir una comunidad más comprometida con la educación y con el futuro de Venezuela.
14 de octubre de 2026
Deja una respuesta