
Testimonio de Carla Díaz | Docente de la Escuela Fe y Alegría Simón Bolivar
Escrito por Daniela Falcón | Referente de Comunicaciones de Fe y Alegría Escuelas (Región Caracas – La Guaira)
Caraballeda es una de las parroquias que integran el municipio Vargas en el estado de La Guaira. Antes de la devastación ocurrida por el doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5, era reconocida por ser una de las zonas turísticas más importantes de la región costera cercana a Caracas.
A tres meses de lo ocurrido, continúan los trabajos de remoción de escombros, demoliciones controladas con explosivos y la búsqueda de cuerpos, como ocurre en Residencias Caribe, donde Carla quería vivir. Ella llevaba aproximadamente un año intentando vender su casa para poder comprar un apartamento en Residencias Caribe, el cual se desplomó en segundos.
La tarde del doble sismo, ella estaba en su casa de Caraballeda, ubicada en la cima de una montaña. La vivienda resistió. En medio del temblor, su hijo mayor la cargó en brazos para sacarla a la calle y resguardarla en un lugar seguro.
“Al bajar las escaleras yo sentí un dolor muy fuerte en la matriz, fue lo único que sentí. Un dolor muy fuerte en el alma, un dolor que me privó, yo trataba de controlar el dolor, porque en ese momento yo tenía que mantener la calma para poder tranquilizarlos a ellos”, contó.
Pasados los días, Carla está segura de que ese dolor que sintió en la matriz durante el temblor fue el parto que dio a luz a sus nuevos hijos. Su mejor amiga murió ese día. La noticia se la dio a conocer Mario, el hijo de su mejor amiga, quien llegó desplomado en llanto a contarle que la estructura colapsó por completo: el edificio de su familia, que vivía en el piso 3, se había hundido hasta el sótano y solo se podía ingresar por el sexto piso, donde murió su mejor amiga y otros familiares de ella, incluyendo hijos. “ los dos niños más pequeños nunca aparecieron”, dijo.
Carla acogió en su hogar, que se sostuvo durante el temblor, a cuatro de los hijos de su mejor amiga. Hasta el día de hoy se encarga de su crianza, su alimentación y su cuidado, junto a sus dos hijos. Pasó de dos a seis. Contó que, gracias a las gestiones de la escuela, logró incorporar a la más pequeña en la institución para brindarle estabilidad escolar.
“Ellos están conmigo en la casa. Tengo a mis muchachos ahí conmigo también, sin importarme que pueda pasar mañana, pero yo sé que ellos hoy duermen y comen seguro, un poquito o mucho, lo que haya, pero mis muchachitos están ahí… Diosito me duplicó los hijos”, dice.
En esos días recientes al doble terremoto, Carla bajó desde la montaña donde vive para recorrer el sector, saber de su gente y enterarse de quiénes lograron sobrevivir.
“Salí por toda Caraballeda y veía a mis representantes, veía a mis estudiantes y así los fui contabilizando. A la gente de aquí del colegio los conseguí a todos… y me dio tranquilidad saber que estaban bien”, recordó.
Aún con el dolor de las pérdidas humanas, Carla acudió durante el mes de agosto a la escuela para incorporarse al programa “Escuelas Abiertas”, una iniciativa pedagógica donde se realizaron actividades recreativas cortas y de atención psicoemocional.
Carla asumió la atención psicoemocional de los preadolescentes y jóvenes. Para desbloquear el trauma de muchachos que se negaban a pronunciar palabra sobre lo vivido, compartió una dinámica transformadora con papel y arte:
«Les enseñé que podían dibujar lo que sentían… les hacía arrugar la hoja, luego que la intentan planchar, y los hacía ver que la hoja seguía teniendo arruguitas, esas arruguitas, como el dolor, van a estar allí, esas marquitas van a estar allí, pero tú ahora vas a transformar, eso que hiciste, eso que sentías, en un superpoder, de ahí salieron cosas maravillosas».
Carla además de acudir a la escuela, cocinó almuerzos y llevó alimentos a los rescatistas en la zona de desastre.
«Había tardes que yo bajaba para apoyar a mí gente y regresaba de Caribe, llena de tierra, sucia, herida, porque más de una vez me caí y bueno, son cosas que pasan… Al llegar, lloraba y lloraba, pero tenía que hacerlo para poderme mantener».
«La importancia de estar aquí es tratar de hacer un mundo mejor… Si yo estoy aquí, soy un propósito para continuar educando lo que tengo que enseñar… Es formar, es marcar, es dejar una huella positiva en los niños».
Carla es una docente con más de 22 años de ejercicio ininterrumpido en las aulas y cuenta con un perfil multifacético guiado por el servicio y la pasión por enseñar: es diseñadora gráfica, publicista, licenciada en educación, además de ser técnico en emergencias médicas y paramédico rescatista de la Cruz Roja.
Su fuerza, confiesa, proviene enteramente de lo alto: “Yo creo que mi mayor fortaleza es Dios. Me até de la fe. Fue lo único que hice. No me quedaba otro recurso. Él era my mayor recurso, mi mejor fuerza… Si Dios me dejó con un propósito, y el propósito son ellos, bueno, aquí estaré siempre para ellos”.
29 de septiembre de 2026
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