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“Yo de verdad nunca quisiera irme de mi país”

Testimonio de Sofía Arcila | Estudiante de 5.º año en la Escuela Técnica Fe y Alegría La Rinconada
Por Graciela de los Ángeles Portillo | Comunicaciones Fe y Alegría Venezuela

Nuestra estudiante Sofía formó parte del Grupo de Rescate Ecológico Félix (GREF), que recuperó 45 cuerpos en La Guaira tras el colapso de las estructuras. Esta agrupación, conformada apenas cuatro meses atrás en El Valle —una de las 22 parroquias del Municipio Libertador de Caracas—, se desplazó a la zona de desastre para cumplir con su deber. Sofía cuenta con un diplomado en Ciencias Forenses y formación en Paramédico. Con la experiencia adquirida en la atención de emergencias, aplicaban los protocolos correspondientes antes de entregar los cuerpos al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), encargados del resto del procedimiento.

 

Para Sofía, estar en La Guaira fue una vivencia que comprometía todas las emociones: “Pero cuando estás en eso, tú tienes dos opciones: bloquear tus emociones por completo para seguir ayudando o simplemente ponerte a llorar y no hacer nada”, asegura con firmeza.

 

Explica que, al integrar un grupo de rescate de 35 personas donde conviven perfiles diversos como forenses, investigadores y abogados, es imprescindible mantener una fortaleza mental constante. Sofía es una de las integrantes más jóvenes de la agrupación, superada únicamente por la reciente incorporación de un compañero de 15 años.

 

En la brigada, ella asume las tareas de comunicación y comparte labores con personas que conoce de toda la vida, a quienes considera una familia que se cuida y se apoya mutuamente.

 

Sanar para seguir sirviendo

 

Sofía recuerda que en una de las jornadas llegó un momento indispensable para drenar la tensión acumulada. Sucedió cuando se refugiaron en una iglesia: “Era como que nadie tenía sueño ni nada y necesitábamos drenar, pues, compartirnos nosotros. Ahí era el espacio donde liberabas”, contó.

 

Aquella noche permanecieron despiertos hasta las 5 de la mañana. Luego, en cuestión de una hora ya estaban nuevamente a las puertas del edificio donde la mayoría viven, para regresar a La Guaira a prestar auxilio.

 

La angustia y el respaldo de mamá

 

El día del doble terremoto, siendo aún menor de edad, el instinto de Sofía le dictó lo que debía hacer. Aunque su madre hubiese preferido que se quedara en casa, la convicción de la joven hizo imposible detenerla.

 

“El día del terremoto no me quería dejar salir”, revela Sofía.

 

— “Mami, yo me metí en esto porque yo quiero ayudar a la gente. Entonces no puedo simplemente quedarme aquí en la casa después de un suceso como el que pasó”— le dijo a su mamá.

 

E insistió: “O sea, tú sabes muy bien que yo me cuido, pero también déjame ayudar a los demás porque es lo que a mí me gusta y es lo que quiero”.

 

Su madre le respondió que lo entendía y solo le pidió que se cuidara, a lo que Sofía prometió: “Tranquila, que yo voy a estar bien. Lo que tengo que hacer es ir a ayudar a las personas en lo que yo pueda”. Para la joven, fue valioso que su madre respetara su vocación, aún en medio del estado de nerviosismo lógico de la situación.

 

Horas después del desastre, la noche del 24 de junio, Sofía se desplazó con el grupo de rescate hacia Altamira, en Caracas, donde un edificio de 22 pisos se vino abajo: “Y nosotros allá lo que hicimos fue ayudar a los otros grupos de rescate que estaban allá a sacar escombros”, cuenta. Sofía permaneció removiendo escombros desde las 9:00 p. m. hasta las 7:00 a. m. del día siguiente.

 

“Lo bueno es que vimos también que así como se movieron todos los organismos de seguridad, todos los de rescate, PC Nacional, bomberos, etcétera, también vimos a las comunidades”, recuerda.

 

Nacida para servir

 

 

Sofía tiene una convicción clara: nació para servir. “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”, es el mantra que la guía, inspirado en las palabras de la Madre Teresa de Calcuta, por lo que reafirma: “Yo nací para servir, yo nací para ayudar”.

 

“Por más que una ideología religiosa, una ideología política, ¿en Venezuela qué se hizo esos días? Simplemente todo el mundo salió a ayudar. No importa tu raza, tu sexo, cualquier tipo de ideología diferente, o que compartamos algo. Era, ¿tienes hambre? Toma, yo traje esto”, reflexiona Sofía a tres meses de los sismos.

 

Le conmovió profundamente ver cómo “las mismas personas del país que no tenían, que tenían dos harinas de su casa nada más, dieron una para poder hacer las arepas, para ayudar a los damnificados”.

 

Su vivencia reforzó su arraigo por la tierra natal: “Mi aprendizaje de todo lo que ha pasado es, que de todas las personas que se han tenido que ir del país, yo de verdad nunca quisiera irme de mi país. Porque en otros países no hacen lo mismo que hicieron aquí. Porque hasta el que menos tenía, fue el que más dio”.

 

El sueño de defender a los vulnerables

 

A Sofía nunca le han gustado las injusticias. Su vivencia en la emergencia la ha ayudado a asegurarse del rumbo profesional que desea tomar.

 

“Quiero ser abogada. Es algo que está en mis planes. Y es por el hecho de ayudar a las personas, más que todo al que no puede. Nunca me ha gustado que se metan con una persona que no puede o no sabe defenderse”, concluye.

 

Sofía, con 16 años, mantiene sus ilusiones puestas en Venezuela. En esta misma tierra, quiere formarse y ejercer su profesión para contribuir al bien social a través de la justicia y el profundo amor que la mueve a reconstruir un país. 

 

 

29 de septiembre de 2026

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