Acción ambiental desde las aulas y los territorios
Acción ambiental desde las aulas y los territorios

David Benitez, Irma Mariño, Johanna Vera
Iniciativa de Ecología I Fe y Alegría Internacional
En tiempos donde la crisis climática deja de ser una advertencia para convertirse en experiencia cotidiana, la pregunta ya no es si debemos actuar, sino desde dónde y con quiénes construiremos esa acción colectiva capaz de defender la vida. Sequías, inundaciones, pérdida de biodiversidad, contaminación, migraciones forzadas y violencia contra defensoras y defensores de la tierra son expresiones de una misma crisis civilizatoria que pone en evidencia el agotamiento de un modelo de desarrollo basado en el descarte, la explotación y la desigualdad. Y, como ocurre casi siempre, son los pueblos más empobrecidos quienes cargan con el peso más duro de esta crisis socioambiental.
En este contexto, la educación está llamada a mucho más que transmitir contenidos. Está llamada a formar conciencia crítica, a enseñar a leer la realidad desde sus causas estructurales, a abrazar la diversidad en todas sus formas y a reconstruir el sentido de comunidad en un mundo cada vez más fragmentado. Educar hoy significa formar sujetos capaces de preguntarse qué tipo de sociedad estamos construyendo y qué responsabilidades tenemos frente a la vida que se nos ha confiado.
Con ese horizonte, el pasado 30 de abril de 2026 se realizó el Webinar Internacional “Nuestro poder es actuar: educación y acción por la tierra”, promovido por la iniciativa de Ecología Integral y pan Amazonía de la Federación Internacional de Fe y Alegría. El encuentro reunió a más de 140 educadores-as populares de Brasil, Venezuela, Perú, Ecuador, Paraguay, Guatemala y Bolivia, convocados por una pregunta profunda y urgente: ¿qué estamos haciendo por el cuidado de nuestra casa común y dónde reside realmente nuestro poder frente a la crisis socioambiental?
La reflexión estuvo animada por las intervenciones de Ricardo Enrique Bohl Pazos, catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y de la magíster Perla González, especialista en matemáticas, física, estadística y ciencias sociales de Fe y Alegría Paraguay. Ambos compartieron experiencias y desafíos desde la educación popular para comprender que la transformación ambiental no puede pensarse separada de la justicia social, la participación comunitaria y la dignidad humana.
Uno de los aportes centrales del webinar fue reconocer que los sistemas naturales y sociales forman parte de una misma trama interdependiente. No se trata únicamente de estudiar ecosistemas o describir fenómenos ambientales, sino de comprender cómo las decisiones económicas, políticas y culturales impactan directamente en la vida de las comunidades. La pobreza, las migraciones, el acceso desigual al agua, la destrucción de territorios y la exclusión social son también problemas ecológicos. Por ello, la crisis ambiental no puede reducirse a una discusión técnica; es, ante todo, una cuestión ética y política.
Desde esa mirada, la escuela está llamada a asumir un rol renovado y conectado con los desafíos de nuestro tiempo. Hoy, la educación tiene la oportunidad de abrir las aulas al diálogo con lo que ocurre en el entorno cercano y también en el mundo, promoviendo una comprensión crítica y comprometida de las realidades locales y globales. En ese camino, la educación popular nos invita a convertir las escuelas en espacios de investigación, diálogo de saberes y construcción colectiva de soluciones sostenibles. Esto implica fortalecer el vínculo entre escuela y comunidad, articulando esfuerzos con organizaciones sociales, gobiernos locales e instituciones comprometidas con el bien común.


Ricardo Enrique Bohl Pazos insistió en que el docente debe salir del aula y promover experiencias de investigación e interacción con el entorno, haciendo de las escuelas centros vivos de construcción de conocimiento comprometidos con la transformación social. La acción ambiental —recordó— debe partir de las necesidades y problemáticas concretas de cada territorio. Allí radica el enorme potencial pedagógico de la experiencia docente: en su capacidad de leer la realidad junto a las comunidades y generar procesos de cambio significativos.
Por su parte, Perla González destacó la importancia de que las instituciones educativas se conviertan en verdaderos referentes de cultura ambiental. Una escuela comprometida con la casa común no es aquella que solo habla de reciclaje o ahorro de energía, sino la que forma estudiantes protagonistas, capaces de actuar sobre su realidad y comprender que educar también significa aprender y transformarse junto con otros.
En esa tarea, la tecnología y el acceso a la información aparecen como herramientas valiosas cuando están al servicio de la vida y del bien común. El uso de plataformas digitales y de información proveniente de fuentes institucionales y estatales como datos meteorológicos, hidrológicos o geográficos, que puede fortalecer la capacidad de análisis y contextualización de los problemas locales, permitiendo construir conocimientos aplicables y favorecer la toma de decisiones desde los propios centros educativos. La información, cuando se democratiza, puede convertirse en poder ciudadano.
Otro aspecto fundamental resaltado durante el encuentro fue la necesidad de construir registros y evidencias sobre las realidades locales. Identificar problemáticas, sistematizar experiencias, elaborar diagnósticos y analizar datos no son ejercicios burocráticos, sino herramientas políticas para la planificación y la acción transformadora. Una escuela que investiga su territorio es una escuela que fortalece su capacidad de incidencia y participación social.
Sin embargo, toda esta reflexión pierde sentido si no desemboca en acciones concretas. Reconocer la gravedad del tiempo que vivimos no debe conducirnos a la parálisis ni al fatalismo. Allí radica quizás el mensaje más potente del webinar: nuestro poder está en actuar. Actuar en lo cotidiano, en las pequeñas decisiones que afirman prácticas de cuidado y justicia; actuar colectivamente, reconstruyendo vínculos comunitarios frente al individualismo; actuar pedagógicamente, formando sujetos críticos y comprometidos; actuar éticamente, defendiendo la dignidad humana y la vida en todas sus formas; y actuar políticamente, exigiendo modelos de desarrollo sostenibles y sociedades más justas.
Como nos recuerda el Papa Francisco en Laudato Si’, “la educación será ineficaz si no procura también difundir un nuevo paradigma sobre el ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza”. Necesitamos una educación que amplíe libertades, ensanche horizontes y forme a niñas, niños y jóvenes como protagonistas de su propia historia y del cuidado de la casa común.
Hoy más que nunca, la educación popular tiene la responsabilidad histórica de sembrar esperanza y movilizar conciencia. Frente a un modelo que naturaliza la desigualdad y destruye la tierra, educar es también resistir. Y resistir, en este tiempo, significa defender la vida. Porque nuestro poder, efectivamente está en actuar.