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Educación superior que fortalece territorios, identidades y proyectos de vida

 

Educación superior que fortalece territorios, identidades y proyectos de vida

Hna. Betsy Parra Póvez I Fe y Alegría Internacional


Soy H. Betsy Parra Póvez, Esclava del Sagrado Corazón de Jesús. En agosto de 2014, con mucha alegría y gratitud, me incorporé a la misión del Alto Marañón, al Instituto de Educación Superior Tecnológico Público “Santa María de Nieva – Fe y alegría 74”, Nieva, Condorcanqui, Amazonas, única posibilidad de educación superior para la población de Condorcanqui.

 

Condorcanqui tiene 3 distritos: El Cenepa, Río Santiago y Nieva, que se conectan por los ríos de sus mismos nombres y confluyen en el gran Marañón. Los estudiantes, en su gran mayoría, provienen de las comunidades nativas awajún y wampis que se ubican en las riberas de estos ríos y sus vidas están profundamente vinculadas al río y al bosque.

 

El primer tiempo de misión sirvió para conocer a los jóvenes, sobre todo en las conversaciones personales y en las actividades pastorales, trabajo en valores, ya que la población católica es mínima. Me cuestionaba escuchar sus experiencias de dolor, de dificultades, de frustraciones, sus luchas por salir adelante sin el apoyo necesario, y me animaba mucho compartir sus logros y alegrías. De la mano de ellos me adentraba a una nueva cultura, a una nueva manera de aprender, a un nuevo modo de ver la vida que fluía, como las aguas del río, cuanto más escucha, más cercanía, más confianza, más vida. 

Estudiantes Santa María de Nieva Fe y Alegría 74
Estudiantes Santa María de Nieva Fe y Alegría 74
Estudiantes Santa María de Nieva Fe y Alegría 74

Para la gran mayoría de estudiantes, Nieva es su primer encuentro con una ciudad, con el movimiento, con los ruidos y distracciones propias de una ciudad, esta experiencia necesita ser acompañada en los procesos de dejar sus comunidades, sus familias, hijos, padres, hermanos, amigos… adaptarse a un nuevo lugar sin perder su identidad. Este proceso tiene sus altos y bajos, momentos de frustración porque no vienen con las competencias necesarias, debido a la brecha en el sector educación, algo de lo que no son responsables, pero que lo viven y lo sufren. 

 

Los estudiantes se enfrentan a los procesos propios del crecimiento humano, como es el enamoramiento, la ilusión, la desilusión… recuerdo a uno de los estudiantes que no podía más con su mundo interior, ya estaba en V ciclo y me dice: “me voy, ya no aguanto más”. Yo escuché su rabia y frustración y le pedí que lo piense un poco más, que ya estaba a punto de terminar la carrera y no podía dejarla así, que valore todo el esfuerzo que había supuesto llegar a donde estaba y que no tome una decisión tan importante a la ligera. Pasadas 3 horas regresa y me dice “Ya respiré, no me voy”, no dijo “ya lo pensé”, ni “ya lo conversé”….solo “ya respiré”, entonces entendí que fue a lo más profundo de sí, a lo que le da vida, y no lo pensó, lo vivió, lo sintió, lo “respiró” y desde aquello que le da vida, decidió, sin más teorías sobre discernimiento, lo hacía vida.

 

Con la pandemia llegó la oportunidad de conocer cada una de las comunidades de donde provienen los estudiantes, ya que, por dificultades económicas no podían venir a Nieva y dadas las carencias propias de la zona, como falta de electricidad, de señal telefónica, de internet… no teníamos medios de comunicación. Recuerdo que al llegar a una comunidad en Cenepa, uno de los jóvenes me dijo: “has venido” y estaba tan contento, que todo el cansancio y el temor que yo sentía de estar por los ríos, se esfumaron al ver la sonrisa de Dios dibujada en ese rostro que nos daba la bienvenida a su mundo. Esta experiencia de salir al encuentro del otro, fue la puerta para conocer realmente de dónde vienen y cómo viven; me abrió mucho más el corazón y me impulsó a buscar formas de seguir acompañando sus procesos.

De camino a las comunidades
De camino a las comunidades

Fe y Alegría busca formar profesionales íntegros, ciudadanos que aporten al desarrollo sostenible de sus comunidades, y mi congregación lo hace desde la Pedagogía del corazón, que nos mueve a acompañar procesos de formación con ternura y firmeza, supone conocer el entorno, la cultura, la cosmovisión. Y, desde la experiencia del encuentro con ellos, de conocer de dónde vienen y cómo viven, se pudo plantear un plan de estudios que parte de los saberes ancestrales e integra nuevas tecnologías, que apuesta por el cuidado del bosque y las prácticas ecológicas. 

 

Se intenta que el Instituto sea en realidad una familia acogedora, una misión desafiante y hermosa en la que me he convertido en madre, amiga, hermana, confidente… testigo del crecimiento de tantos jóvenes que pasan por las aulas, regalo que Dios me ha permitido vivir de su mano. Ser familia implica también posibilitar el cubrir sus necesidades básicas: alimentación, lugar seguro para vivir, tutorías personalizadas, lo que mueve a crear vínculo con otras instituciones que aportan a su formación integral, creando así, redes de apoyo.

 

Todo esfuerzo cobra sentido cuando los egresados regresan y cuentan lo que están haciendo, lo agradecidos que se sienten por haber pasado por el Instituto, por todo lo que aprendieron. Algunos son Apus en sus comunidades y eso da mucha alegría, porque veo hecho realidad que educar en la Amazonía, es un acto de esperanza.

 

Soy feliz por ser parte de la misión del Alto Marañón, una misión compartida donde vivimos la sinodalidad: mi comunidad, los misioneros, los docentes -jóvenes que viven la educación como su misión- vivimos nuestra misión desafiante y bendecida, en constante movimiento, como las aguas del río, teniendo como horizonte y compromiso acompañar los procesos formativos de los jóvenes de las fronteras.  

 

See Kuashat (Muchas gracias)

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