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Formal, no formal e informal: las tres vías con las que garantizamos el derecho a aprender

Gehiomara Cedeño y  Miguel Molina responsables de la Mesa 1I Equipo de Educación Fe y Alegría Internacional


Educar en Fe y Alegría es tejer respuestas que se complementan para llegar allí donde el derecho a la educación ha sido negado. El Marco de la Educación Popular de Fe y Alegría Internacional reconoce explícitamente tres grandes modalidades: formal, no formal e informal, además de los procesos de promoción social y desarrollo comunitario, como caminos que se unen en una sola misión educativa.

Tres modalidades, la misma intencionalidad

 

La educación formal es la que se organiza bajo las políticas y currículos establecidos por los Estados, con niveles, requisitos y algún tipo de acreditación oficial. Es la modalidad más extendida dentro del Movimiento: alrededor de tres cuartas partes de su atención educativa se brinda por esta vía, llegando a cientos de miles de estudiantes en más de veinte países. A través de ella, Fe y Alegría dialoga con los ministerios de educación, adapta el currículo oficial a los contextos de exclusión donde nos encontramos, y demuestra que la calidad, la innovación y la justicia educativa pueden ir de la mano y hacer vida a la educación como un bien público.

 

La educación no formal, se refiere a programas y proyectos con mayor flexibilidad, dirigidos a grupos heterogéneos; jóvenes y adultos que no completaron sus estudios, personas en formación para el trabajo, comunidades, organizaciones juveniles, grupos con necesidades específicas. Es la segunda gran vía de atención del Movimiento y responde a poblaciones que la escuela formal, por distintas razones, no siempre logra alcanzar o retener.

 

La educación informal, por su parte, es la más amplia y menos institucionalizada: acontece en el ámbito vital más cercano de las personas, a través de las interacciones sociales cotidianas y de los procesos comunitarios que Fe y Alegría acompaña a lo largo de todas las etapas de la vida. No busca una certificación, sino generar aprendizajes con y desde la comunidad.

 

Todas las modalidades buscan la promoción social y   el desarrollo comunitario, que nuestro Marco distingue por su carácter no asistencialista: su tarea no es dar soluciones hechas, sino movilizar a las comunidades para que reconozcan sus potencialidades,  resuelvan sus  problemáticas mediante la educación popular, las alianzas y el trabajo en red, formando ciudadanos activos, responsables y solidarios.

 

El Marco de Educación Popular insiste en que estas tres vías son escenarios que deben integrarse a lo largo de un mismo continuo educativo, garantizando que cada persona titular del derecho a aprender a lo largo de la vida cuente con los medios esenciales para una vida digna, sin importar por cuál puerta haya  obtenido el aprendizaje. La contextualización pedagógica, uno de los principios centrales del Marco, exige que tanto el currículo formal como las propuestas no formales se adecuen a la diversidad geográfica, cultural, generacional y de frontera de las comunidades, siempre en diálogo con los Estados.

Necesidades y desafíos que exigen hoy estas modalidades

 

Sostener esta diversidad de modalidades en el contexto actual implica desafíos concretos:

  • Educación formal: enfrenta brechas de aprendizaje persistentes y crecientes exigencias de innovación, calidad e inclusión dentro de sistemas públicos con recursos limitados; requiere además fortalecer la formación continua de los educadores y las educadoras, así como  la articulación con las políticas educativas nacionales y sobre todo la mirada reflexiva y constante al contexto y sus necesidades.
  • Educación no formal: necesita mayor flexibilidad curricular y capacidad de respuesta rápida ante poblaciones en contextos de emergencia; migración, violencia, crisis económicas, así como vías más claras de reconocimiento y acreditación de los aprendizajes que allí se generan.
  • Educación informal: exige fortalecer el trabajo comunitario y las alianzas locales para que el aprendizaje cotidiano se articule con procesos más amplios de ciudadanía, sin perder su carácter espontáneo y cercano a la vida de las personas.

Las tres modalidades comparten hoy el reto de incorporar competencias digitales de forma crítica, de responder a la educación en contextos de emergencia y movilidad humana, de avanzar en equidad de género e inclusión, y de sostener la formación integral —cognitiva, socioemocional y espiritual— en entornos cada vez más marcados por la desigualdad y la incertidumbre global.

 

Lejos de ser una simple clasificación, la distinción entre educación formal, no formal e informal refleja la convicción de fondo del Movimiento: que el derecho a aprender no puede depender de la puerta por la que cada persona accede al  aprendizaje. Formar a “toda la persona y a todas las personas”, como lo expresa el propio ideario, exige que estas modalidades dialoguen entre sí, se refuercen mutuamente y respondan con creatividad a los desafíos de las comunidades donde Fe y Alegría hace presencia.

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