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La escuela salva

22 de septiembre 2021

Por Héctor Escandell

 

La escuela como lugar privilegiado para salvar las vidas amenazadas por la violencia, por la desnutrición, por la feroz desigualdad. Durante el aislamiento prolongado, la escuela también fue una víctima del virus. Alejaron a los maestros de sus estudiantes por seguridad sanitaria, pero a muchos los condenaron al peligro inminente. A la escuela le quitaron la posibilidad de cobijar a los más vulnerables.

 

 

El Congreso Internacional de Fe y Alegría también será un espacio para reivindicar la escuela como techo de protección para los niños, niñas y adolescentes víctimas de sus entornos. En Países como Venezuela o Haití, donde la Emergencia Humanitaria no da tregua, privar a los niños de las escuelas es, al mismo tiempo, quitarles un plato de comida saludable. También es extinguir la ilusión de un abrazo oportuno que les devuelva la serenidad y la confianza.

 

 

Las condiciones de aislamiento profundizaron las desigualdades, no fue lo mismo prescindir de la escuela en Oslo que en Santa Cruz de la Sierra. El impacto de cerrar una escuela en Madagascar fue infinitamente superior al de hacerlo en Roma o en París. La escuela salva y debe seguir haciéndolo de la mano de los docentes que están preparados para volver. El Congreso también será una oportunidad para socializar los aprendizajes de la virtualidad pandémica.

 

 

Del 26 al 29 de octubre vamos a conocer las historias de esos educadores que convirtieron sus casas en pequeños colegios. El intercambio de vivencias enriquecerá el debate de cómo podemos regresar de forma segura a los centros educativos. En un salón de clases no solo se enseñan letras y números, el lugar social que ocupa es insustituible. La pandemia también evidenció que la escuela salva.

 

 

Ven, #VamosRumboalCongreso

 

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