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“Nosotros los pueblos”: la sociedad civil exige que la reforma de la ONU no cierre la puerta a quienes participan en ella

Macarena Romero I Acción Pública Fe y Alegría Internacional


El Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible (FPAN) de 2026 ha tenido lugar del 7 al 15 de julio en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, en el país que todo el mundo mira porque se han convocado también ahí las últimas semanas las selecciones de fútbol. Fe y Alegría se incorporaba hace meses al grupo de ONGS y sociedad civil del Mecanismo de Educación y Academia (uno de los ocho que siguen de forma articulada la agenda) y que sigue el FPAN y ha contribuido con diversas acciones al seguimiento de esta cita internacional con una mirada específica puesta en la intersección de los ODS que se revisaban con los avances y retos que aún tiene por delante el Objetivo orientado a garantizar una educación de calidad. 

 

El FPAN es el final de un proceso anual que incluye, entre otras cosas, reuniones de grupos de expertos (MGE), foros regionales para el desarrollo sostenible (FRDS), preparativos para los Exámenes Nacionales Voluntarios (que este año han sido la mayoría africanos y también Uruguay y Brasil en la región latinoamericana) y actividades de participación de las partes interesadas vinculadas al ciclo más amplio del ECOSOC y la Asamblea General de las Naciones Unidas. Los Estados Miembro negocian y adoptan una Declaración Política, mientras que también se están llevando a cabo debates sobre el proceso de Examen del ECOSOC-FPAN, que culminará en una resolución de la Asamblea General del próximo mes de septiembre.

 

Todo este proceso, que convoca a Fe y Alegría como parte de la sociedad civil organizada y a los Estados que sí que apuestan por las aspiraciones comunes e interdependientes de la Agenda 2030, coincide con uno de los momentos de mayor incertidumbre para Naciones Unidas y para el sistema multilateral desde su creación. Ya no está en juego únicamente el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sino la capacidad de la comunidad internacional para seguir construyendo respuestas compartidas frente a desafíos que ningún Estado puede afrontar por sí solo. El verdadero examen de la Agenda 2030 ya no son únicamente sus indicadores: es el futuro del propio multilateralismo.

Aunque inicialmente es el espacio donde se revisa el avance de la Agenda 2030 en clave de qué se ha logrado, qué desafíos persisten, este año, sin embargo, el balance de los ODS se entrelaza con un debate mucho más profundo sobre el futuro de la gobernanza global. En paralelo a las reuniones oficiales, la sociedad civil de todo el mundo se ha estado preparando para algo que ningún gobierno puede hacer en su nombre: construir colectivamente propuestas para procesos que van a ser decisivos en el futuro del multilateralismo, de los que depende su capacidad y legitimidad para responder a los grandes desafíos planetarios. Lo hacemos, además, en un contexto de restricciones crecientes a su propia participación, lo que da a este ejercicio un valor casi de resistencia cívica transnacional.

 

Lo hacemos porque el momento lo exige. Naciones Unidas afronta simultáneamente una reforma de calado —la iniciativa UN80—, un cambio de liderazgo en el horizonte, la definición de su agenda estratégica para las próximas décadas, y la implementación de la Agenda 2030 en su recta final, con informes poco alentadores de los logros hasta la fecha en grandes problemáticas globales como el cambio climático, los conflictos bélicos, el hambre o las desigualdades. Y es precisamente esa coincidencia entre la recta final de la Agenda 2030 y la redefinición del propio sistema multilateral la que convierte este momento en un punto de inflexión histórico. 

 

Y todos estos procesos, que deberían desembocar en una ONU reforzada, más democrática, con capacidad de movilizar mayor voluntad política y recursos para cumplir los compromisos adquiridos, se abordan, paradójicamente, mientras los Estados recortan sus contribuciones y mientras se arrastra una crisis que no es sólo económica, sino también de legitimidad, falta de tracción y confianza. Una parte de esa crisis la han desatado gobiernos reaccionarios que han decidido abandonar consensos alcanzados durante décadas de negociación y construcción multilateral.

Más que un simple marco de políticas públicas, la Agenda 2030 representa hoy el último gran consenso universal capaz de sostener una acción colectiva mientras se redefine el propio sistema internacional. UN80 exige, además, elevar la ambición con menos recursos, una ecuación que encierra el principal riesgo de esta reforma: que acabe convirtiéndose en un ejercicio de austeridad institucional en lugar de una verdadera transformación del sistema. Sin una redistribución real del poder y de los recursos dentro del sistema de Naciones Unidas, la reforma difícilmente reforzará la legitimidad del multilateralismo que pretende preservar, como ha insistido recurrentemente el propio secretario general Guterres a lo largo de distintos espacios del Foro.

 

La sociedad civil global lleva meses insistiendo en un matiz importante: no está pidiendo una nueva generación de promesas, sino que se cumplan las que ya existen. El diagnóstico es compartido: el problema no es la falta de compromisos, es la falta de financiación adecuada, de incorporar la evidencia científica en las decisiones políticas, de rendición de cuentas real, la ausencia de participación estructural de la sociedad civil global y de mecanismos que traduzcan lo firmado en cambios tangibles, en impactos concretos en el bienestar de las personas y del planeta. Como señalan representantes del Mecanismo de la Sociedad Civil para la Financiación del Desarrollo, los recortes en agencias humanitarias y de desarrollo no son una cuestión contable, son personas que dejan de recibir la protección más esencial justo cuando más la necesitan.

 

El debate sobre la financiación tampoco es únicamente presupuestario. Es, en realidad, una medida del compromiso político de los Estados con el sistema multilateral que afirman defender. Otras voces añaden matices igualmente urgentes. Es la misma alarma de fondo, trasladada ahora a la arquitectura fiscal internacional: Andressa Pellanda, del Grupo de Educación y Academia,  advierte de que “el proceso de reforma es, lamentablemente, una reforma de austeridad”. Los países más ricos están desinvirtiendo en la ONU, que se encuentra cada vez más debilitada, justo cuando el mundo necesita lo contrario: un sistema multilateral fortalecido, dedicado al bienestar de las personas y del planeta. Por eso la sociedad civil considera clave apostar por la Convención Tributaria de la ONU, la reforma de la arquitectura de la deuda internacional y una gobernanza más inclusiva y democrática en todo este espacio. Son reformas estructurales más difíciles de concretar, admiten, pero quizás las únicas capaces de cambiar el rumbo arriesgado que está tomando el mundo.

La presidenta de la Asamblea General de la ONU, Annalena Baerbock, recurrió al Mundial de Clubes de Fútbol para describir este momento: “Si algo nos está enseñando este mundial ‘loco’, es que hay que seguir las reglas del juego y que muchos partidos se resuelven en el último momento”. La metáfora resulta especialmente pertinente. La Agenda 2030 entra en su tiempo de descuento, pero lo que se decidirá en estos últimos años va mucho más allá del grado de cumplimiento de los ODS. 

 

Fe y Alegría, por su parte, insta a la comunidad internacional y los Estados a defender la amistad, la colaboración y la cooperación para hacer frente a los grandes desafíos del siglo XXI y no se resigna a habitar un mundo fragmentado, donde cada bloque juegue su propio partido pues el gol no es otro que la paz y la prosperidad compartida con quienes este mundo está dejando atrás y fuera.

 

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Fe y Alegría, por su parte, insta a la comunidad internacional y los Estados a defender la amistad, la colaboración y la cooperación para hacer frente a los grandes desafíos del siglo XXI y no se resigna a habitar un mundo fragmentado, donde cada bloque juegue su propio partido pues el gol no es otro que la paz y la prosperidad compartida con quienes este mundo está dejando atrás y fuera.

 

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