Mayo en Roma: en el corazón de las redes globales

Daniel Villanueva, SJ I Fe y Alegría Internacional
Cada mes de mayo, el Coordinador General de la Federación traslada su agenda a Roma durante dos semanas y media para participar en las citas anuales de las grandes redes globales de la Compañía de Jesús: la red mundial de escuelas, la red de incidencia por el derecho a la educación y el Servicio Jesuita a Refugiados. En esta crónica en primera persona, Dani Villanueva, SJ, comparte lo vivido en las semanas romanas de este año y explica por qué este tiempo es estratégico para nuestro movimiento.
Cada mes de mayo mi agenda se traslada durante dos semanas y media a Roma. No es un viaje más: es uno de los tiempos fuertes de mi año como Coordinador General, un momento en el que coinciden en la Ciudad Eterna varias de las citas institucionales que conectan a Fe y Alegría con el ecosistema apostólico global de la Compañía de Jesús y de la Iglesia. Esta vez, como cada año, tres grandes espacios ordenaron mi trabajo: la reunión de coordinación de la red global de escuelas de la Compañía, el encuentro anual del Secretariado de Justicia Social y el consejo de administración del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS). Alrededor de ellos, una constelación de encuentros que explican por qué este tiempo romano es estratégico para nuestro movimiento.
Fe y Alegría no es una red que camina sola. Somos parte de un cuerpo apostólico mundial, y las decisiones que afectan a la educación, la justicia social y las personas migrantes y refugiadas se conversan, se disciernen y se articulan en buena medida desde Roma. Estar presentes de forma sistemática —y no solo puntual— en estos espacios nos permite tres cosas: que la voz de la educación popular esté en la mesa donde se definen prioridades globales; que Fe y Alegría aprenda de otras redes hermanas y ellas de nosotros; y que el diálogo con los secretariados, los asistentes regionales y el equipo del Padre General sea una relación de trabajo continua y no un contacto ocasional. A ello se suma la dimensión eclesial: Roma es también el lugar del relacionamiento con el Vaticano y con las congregaciones religiosas, socias fundamentales de nuestra misión en tantos países.
El plato fuerte de estas semanas fue la reunión anual de los Secretarios de Justicia Social y Ecología de las seis Conferencias jesuitas, junto con los coordinadores de las iniciativas de la Global Ignatian Advocacy Network (GIAN), celebrada en la Curia General y organizada por el Secretariado para la Justicia Social y la Ecología (SJES) que lidera el P. Roberto Jaramillo, SJ. Participo en ella porque Fe y Alegría tiene allí una responsabilidad singular: coordinamos la iniciativa global por el Derecho a la Educación, una de las grandes apuestas de incidencia de la Compañía.
El encuentro nos permitió compartir análisis de contexto desde todas las regiones del mundo —migraciones forzadas, desigualdad creciente, polarización, vulnerabilidad climática, reducción de espacios cívicos— y constatar que las redes de incidencia ignaciana están vivas y dando frutos: las acciones ligadas a la justicia climática de cara a las COP30 y COP31, la producción de investigación y materiales formativos, y el lanzamiento del nuevo portal giansj.org como espacio común de las iniciativas globales. Un momento especialmente significativo fue la presentación pública del Informe Anual SJES 2025, realizada por primera vez en el Aula de la Curia General, con más de 60 participantes presenciales y un centenar conectado en línea.
Pero también miramos de frente las tensiones estructurales: la escasez de recursos humanos y financieros, la sobrecarga de los equipos, y la necesidad de coordinar mejor los niveles local, regional y global. La respuesta que acordamos va en la línea que Fe y Alegría conoce bien: menos dispersión y más profundidad. Cada iniciativa GIAN elaborará un plan operativo trienal, se reforzarán los mecanismos de evaluación y se apostará por “glocalizar” la acción, dando más voz a los territorios. Tras el cierre de la reunión de secretarios, los coordinadores de GIAN continuamos dos días más trabajando en la programación estratégica del próximo trienio. Especialmente esperanzador me resultó el encuentro con los Secretariados de Educación de la Compañía, que abrió caminos para cruzar fronteras apostólicas y trabajar de forma más integrada entre educación, justicia social y ecología: exactamente el cruce en el que Fe y Alegría vive desde hace 70 años.

La otra gran cita fija de mayo fue la reunión del Board de la Jesuit Global Network of Schools (JGNS) en la Curia General, que se despliega junto con ICAJE, la comisión internacional para el apostolado educativo de la Compañía. Fe y Alegría participa en este espacio como lo que es: la mayor red de escuelas del mundo jesuita, aportando la perspectiva de la educación popular al conjunto de la educación de la Compañía.
La agenda de la semana reflejó bien el momento que vive la educación jesuita global. Trabajamos en la preparación del II Congreso JESEDU, que se celebrará en Montreal en 2027, y del III Ciclo Global que lo acompañará: los grandes espacios donde las escuelas jesuitas del mundo disciernen juntas su rumbo. Conmemoramos también el 40º aniversario de las “Características de la Educación Jesuita”, el documento que en 1986 —el mismo año, por cierto, en que Fe y Alegría se constituía como Federación Internacional— dio identidad compartida a la educación de la Compañía en el mundo.

Las distintas redes que componen la JGNS presentamos nuestros informes, y dedicamos una jornada completa a explorar oportunidades de colaboración entre ellas —incluida la conexión con la iniciativa GIAN por el Derecho a la Educación que Fe y Alegría coordina, tendiendo así un puente natural entre las dos grandes citas romanas de este mayo. La agenda incluyó además temas que muestran una red viva y atenta a su tiempo: el grupo de trabajo sobre inteligencia artificial en la educación, un modelo de formación de estudiantes para la colaboración global, los informes de estadísticas y de protección de menores —una prioridad absoluta e irrenunciable en todas nuestras redes—, y la reflexión sobre escuelas sinodales y compañeros en misión. La semana incluyó también el encuentro y la fotografía con el Padre General, expresión del respaldo de la Compañía a este caminar conjunto de sus redes educativas.
Para Fe y Alegría, estar en esta mesa tiene un doble valor: llevar la voz de los contextos más vulnerables al corazón de la planificación educativa global de la Compañía, y traer de vuelta a nuestras obras las reflexiones, herramientas y alianzas de una red que educa a millones de estudiantes en todo el mundo.
Mi triángulo de pertenencias romanas se completó con el consejo de administración del JRS —red con la que compartimos historia, terreno y vocación de frontera— que mantiene vivo el vínculo entre educación y acción humanitaria con las personas refugiadas, tan presente en obras de Fe y Alegría en África y otras regiones.
Alrededor de estas citas, mis semanas romanas se llenaron de esa diplomacia paciente que sostiene las redes: la mañana de trabajo con la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), clave para nuestra identidad como movimiento intercongregacional; los encuentros con congregaciones amigas como las Hijas de Jesús o la Familia de Nazaret; la reunión con ITESO, de la red de universidades jesuitas; y conversaciones con aliados y potenciales socios para la misión. Cada una de estas mesas es una semilla: algunas florecen en acuerdos concretos, otras en confianza acumulada que hará posibles los acuerdos de mañana.
Vuelvo de Roma con cansancio físico y renovación de fondo. Pero sobre todo vuelvo con una convicción reforzada: en un mundo de problemas globales e interconectados, ninguna obra, ninguna red, por grande que sea, puede caminar sola. La misión de la justicia social, la ecología integral y el derecho a la educación solo se sostendrá con más colaboración, más articulación internacional y más fidelidad al llamado de acompañar a las personas y comunidades más vulnerables. Ese es el sentido profundo de mis semanas romanas de cada mayo: tejer, con hilos a veces invisibles, la red global que hace posible que en una escuela remota de Nepal, del Chad o de Venezuela, un niño o una niña reciba la educación de calidad que merece.

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