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De la participación a la transformación: lo que revela una década de trabajo con juventudes organizadas

Tatiana Cardona
Iniciativa de Juventudes I Fe y Alegría Internacional


En un escenario global donde la participación juvenil suele reducirse a discursos o espacios simbólicos, una investigación liderada por José Bento da Silva en articulación con la Universidad de Warwick y Fe y Alegría plantea una afirmación respaldada por evidencia ,la ciudadanía no se enseña, se construye a través de procesos colectivos, sostenidos y profundamente transformadores.

 

El estudio, basado en más de 100 entrevistas y trabajo de campo en distintos países, analiza diez años de experiencia de la Red de Juventudes RG21+ y ofrece una lectura crítica del impacto social. El proceso investigativo inició en marzo de 2025 y combinó diferentes metodologías, incluyendo entrevistas, grupos focales y observación en espacios formativos. Uno de los principales escenarios fue Cali-Colombia donde se trabajó directamente con cerca de 40 jóvenes de procesos comunitarios en espacios como el Centro Cultural Abriendo Puertas y Casa Freire. Además, la investigación incorporó experiencias de jóvenes en República Dominicana, Guatemala y España, así como entrevistas virtuales con acompañantes juveniles de Perú, Argentina, Colombia, Nicaragua y Paraguay. Este alcance internacional permitió recoger una diversidad de voces y contextos que refuerzan la solidez de los hallazgos.

 

Su principal aporte es claro, el impacto no puede entenderse como rendimiento ni como cobertura, sino como transformación de las personas, de sus vínculos y de las formas en que participan en la vida pública.

 

Lo que emerge de los datos es un patrón consistente, las juventudes que atraviesan estos procesos no solo adquieren conocimientos, sino que desarrollan una capacidad progresiva para leer críticamente su realidad, cuestionarla y actuar sobre ella. Este tránsito —de la percepción a la acción— no es espontáneo, sino que se sostiene en una metodología estructurada que articula sensibilización, empoderamiento, organización, incidencia y movilización, todo ello mediado por el pensamiento crítico y una sólida formación en derechos humanos.

 

Uno de los resultados más significativos es el cambio en la posición de los jóvenes frente a lo social y lo político. Participantes que inicialmente se relacionaban con los problemas desde la distancia o la resignación comienzan a reconocerse como sujetos con capacidad de incidencia. Este desplazamiento se traduce en prácticas concretas: campañas públicas, proyectos comunitarios, procesos de diálogo con actores institucionales y acciones colectivas sostenidas en el tiempo.

 

Pero este proceso no es únicamente racional. La investigación evidencia que las emociones cumplen un papel central en la transformación. La indignación frente a la injusticia, la frustración ante la desigualdad o la empatía frente a otras realidades no son elementos secundarios: son el punto de partida de la acción. Cuando estas emociones son acompañadas por procesos organizados, dejan de ser reacciones individuales y se convierten en fuerza colectiva.

Proceso Investigativo con la Universidad de Warwick y Fe y Alegría
Proceso Investigativo con la Universidad de Warwick y Fe y Alegría
Jóvenes Fe y Alegría Guatemala
Jóvenes Fe y Alegría Guatemala

El impacto también se expresa en dimensiones menos visibles, pero estructurales. Se documentan cambios en la forma en que los jóvenes comprenden el mundo pasando de visiones fragmentadas a lecturas sistémica en su capacidad de liderazgo y así superando barreras como el miedo o la timidez— y en sus valores —cuestionando prejuicios arraigados como el machismo o la xenofobia.

 

Estos cambios individuales no quedan aislados. Uno de los hallazgos más relevantes es su efecto multiplicador. Jóvenes que atraviesan estos procesos tienden a replicarlos en sus comunidades, ya sea liderando iniciativas, acompañando a otros o generando redes de acción. De esta manera, el impacto se expande más allá de los participantes directos y comienza a incidir en el tejido social.

 

En contextos como Cali, este proceso adquiere una dimensión especialmente tangible. Espacios como el Centro Cultural Abriendo Puertas muestran cómo la participación juvenil puede reconfigurar territorios marcados por la violencia, generando alternativas concretas desde el arte, la cultura y la organización comunitaria.

 

Sin embargo, la investigación también plantea tensiones relevantes. La más evidente es la dificultad de medir este tipo de impacto en marcos tradicionales. Transformaciones como el cambio de mentalidad, la construcción de sentido colectivo o la modificación de aspiraciones difícilmente pueden reducirse a indicadores cuantitativos. A esto se suma la necesidad de sostener procesos largos y complejos en contextos que demandan resultados rápidos, lo que tensiona las formas en que se financian y evalúan estas iniciativas.

 

En conjunto, la evidencia apunta a una conclusión contundente, cuando las juventudes cuentan con espacios, herramientas y procesos para organizarse, no solo participan, sino que transforman las condiciones en las que viven. No se trata únicamente de inclusión, sino de construcción activa de ciudadanía.

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